Oriol Pujol ya no suma para Convergència

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NUEVAS IMPUTACIONES

13 de enero de 2014 (22:07 CET)

C'est fini. La dirección de Convergència confió siempre, públicamente, en un desenlace rápido. Oriol Pujol, el único hijo del ex president Jordi Pujol que se dedicó a la política, se vio relacionado con el caso ITV y fue imputado. Pero se le esperaba con los brazos abiertos. Ahora ya no. Ya no suma para Convergència.

Era el secretario general de Convergència Democràtica, un cargo que en todos los partidos es la antesala para ser candidato, en este caso, a la Generalitat. Pero el tiempo pasa. Los meses transcurren. Y la Fiscalía Anticorrupción ha pedido ahora la imputación de Oriol Pujol por un nuevo delito, el de cohecho. Eso es ya casi definitivo.

Oriol Pujol ya no suma para Convergència. Y difícilmente podría renovar su acta de diputado en unas próximas elecciones al Parlament. Se ha acabado. Con más o menos suerte, pero Oriol Pujol, justo en el actual contexto político, podría decir adiós a la política en muy poco tiempo. C'est fini.

Exigencia de un liderazgo fuerte

Esas son las interpretaciones sobre el futuro de Oriol Pujol que provienen de los propios dirigentes de CiU. Porque lo que ha ocurrido ahora, con la decisión de la Fiscalía Anticorrupción, no hace otra cosa que añadir más dificultades a una situación que se califica de insostenible en el seno de Convergència Democràtica.

Convergència es un partido, en estos momentos, según dirigentes del partido, que, precisamente, no tiene dirección. La bicefalia que se creó para sustituir a Oriol Pujol, con Josep Rull y Lluís Corominas “va funcionando”, pero el contexto político requiere un lideerazgo fuerte, con unas posibles elecciones anticipadas, cuando se haga realidad la imposibilidad de convocar un referéndum el 9 de noviembre de 2014, y, casi más importante aún, con unas elecciones municipales en ciernes, en mayo de 2015. Dirigentes de Convergència no se resignan a seguir cayendo en las encuestas, y en verse superados por ERC, pese a todas las bondades del llamado proceso soberanista. Y reclaman una reacción.

El problema es que el President Artur Mas lo sabe. Fuentes del partido aseguran que los cuadros y dirigentes de Convergència tienen claro que el partido necesita un claro empuje. Y que Mas es consciente de ello. ¿Pero cómo lo hace? ¿A través de un congreso extraordinario, justo ahora? Hay dirigentes, con larga experiencia, como Felip Puig, que buscan rehacer el partido. Y que le indican a Mas que se ponga en ello. Pero Mas está ahora en otra cosa. No puede, ni sabe cómo darle la vuelta,

El partido defiende su inocencia

En ese contexto se encuentra Oriol Pujol. Sigue como diputado en el Parlament, después de abandonar su cargo como secretario general de CDC. Pero en las próximas elecciones no podría renovar su acta de diputado, formando parte de las listas. A menos que el proceso judicial cambie de la noche a la mañana y pueda entrar por la puerta grande.

A eso todavía se acoge, oficialmente, el partido, que difundió una nota asegurando que Oriol Pujol "nunca solicitó y, mucho menos, percibió, ninguna contraprestación --económica o no económica-- a cambio de una votación en el Parlament durante la tramitación de la Ley de Seguridad Industrial de 2008". El partido recuerda que, entonces, en el 2008, gobernaba el tripartito, y que CiU estaba en la oposición, "y, por tanto, el voto de sus diputados no era necesario para aprobar la ley".

La ley de transparencia de Mas

Sin embargo, la posibiidad de que se supere, sin más, el proceso judicial, no es la más realista. Artur Mas ha hecho gala en las últimas semanas de la ley de transparencia que ha aprobado el Govern. Y, aunque sigue sin tener clara una posición sobre qué hacer con los imputados en un partido, el President tendría ahora muchas dificultades para incluir a Oriol Pujol en unas nuevas listas al Parlament.

Ahora, Oriol Pujol supone más una carga que un activo para Convergència. Ya no suma, indican las fuentes de CDC. Y Mas deberá comenzar a mover banquillo en el partido, aunque Oriol Pujol sea todavía un símbolo, no sólo para Convergència. También lo es para una buena parte de la militancia nacionalista.

Pero su vida política comienza a languidecer.
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