Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, durante la fallida sesión de investidura

Pedro Sánchez pone rumbo a las urnas: quién gana y quién pierde

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Podemos multiplica los gestos de distensión con el PSOE ante el vértigo a unas elecciones que destrocen su actual resultado

Barcelona, 26 de julio de 2019 (04:55 CET)

Falló Pedro Sánchez en su intento de investidura y, de inmediato, se activó la cuenta atrás de dos meses para la convocatoria inmediata de elecciones (10 de noviembre). Dijo el presidente en funciones que no tira la toalla, que su propósito es hablar con todos (PP, Ciudadanos y Podemos) y que su propósito es explorar otros caminos. Pero, inevitablemente, uno de ellos es el camino a las urnas.

Estrellado Sánchez, voces del entorno de Pablo Iglesias salieron de inmediato a subrayar que hay tiempo para zurcir el descosido con un nuevo intento en septiembre. En cambio, los dirigentes del PSOE optaron por un espeso silencio alimentando así la idea de que el bloqueo político quizás tenga que resolverse en unas nuevas elecciones.

"Finalizo así el encargo que me dio el rey Felipe VI para formar un gobierno progresista. Para lograrlo necesitaba un acuerdo de mi socio preferente, Unidas Podemos", describió Sánchez desde la tribuna del Congreso, poniendo así punto y final a su cometido. 

La posibilidad de unas nuevas elecciones ha puesto en guardia a todos los partidos políticos, inmersos ya en la especulación electoral. ¿Quién saldrá ganando en un nuevo recuento de votos? ¿Quién saldrá perdiendo?

La intuición del equipo de Sánchez

El PSOE, desde luego, se siente en posición de ventaja. Así al menos lo ha hecho llegar el propio Sánchez al comité federal del PSOE. El presidente en funciones está convencido de que Podemos será el gran culpable del bloqueo político ante la opinión pública. Dirigentes socialistas incluso deslizan una intuición: "Es posible que el resultado de unas nuevas elecciones cambie poco la correlación de fuerzas. Pero a poco que cambie, cambia mucho".

Sánchez piensa que el PSOE puede comer terreno electoral a Podemos el 10-N y que, además, puede hacerlo sin perder la bolsa de electores de centro que se refugiaron en su lista el pasado 28 de abril. Al fin y al cabo, el PSOE no ha protagonizado ningún mercadeo político con los soberanistas y, por tanto, Sánchez no observa motivos para sufrir una sangría desde este flanco.

El comportamiento de Podemos confirma esta tesis, puesto que el vértigo es indisimulable en las filas de Iglesias. Sólo así se explica el último y desesperado intento de su líder desde la tribuna del Congreso en el debate de investidura. En un giro dramático, Iglesias también renunció al Ministerio de Trabajo y puso su precio final al pacto con la titularidad de las políticas activas de empleo. 

Aparentemente, no es una diferencia insalvable. Sí lo parece, en cambio, la mala relación entre Sánchez e Iglesias, que sólo ha hecho que empeorar durante esta semana debido a la concatenación de órdagos, filtraciones y (des)calificaciones.

Sánchez y sus adversarios en el centro-derecha

Unas nuevas elecciones también preocupan en Ciudadanos. Los de Albert Rivera no olvidan que ya salieron trasquilados de la repetición electoral forzada por Mariano Rajoy. En aquella ida y vuelta pasaron de 40 diputados a 32.

Su temor, confesado en privado, es que ocurra algo parecido el 10-N. Es decir, que una parte de sus votantes regrese al PP o que busque refugio en el PSOE. Hay un dato particularmente preocupante para Ciudadanos en este sentido: la mayoría de sus electores —hay encuestas que señalan el 70%— apostaba por un acuerdo de gobierno con el PSOE. Pero Rivera lo ha descartado con enorme vehemencia. "La banda de Sánchez", es su expresión para el recuerdo de este debate.

¿Y el PP? Los populares, siguiendo la mejor tradición de Rajoy, es decir, sin brusquedades y optando por una oposición de perfil institucional (reconocido por el propio Sánchez) se ven al alza. A su derecha, Vox ha perdido el efecto sorpresa: ni, en realidad, sus electores eran tantos como se temía, ni su presencia en el Congreso ha desdibujado a Pablo Casado, quizás el gran beneficiado del bloqueo.

Las encuestas que vendrán, como casi siempre, determinarán los próximos pasos.

 

 

 

 

 

 

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