Puigdemont redactará una Constitución al margen del Parlament

El líder huido fija la hoja de ruta de su 'chiringuito' en Bruselas: quiere poder legislativo, más embajadas, más dinero y más boicot al IBEX

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El llamado «consejo para la república» que preside Carles Puigdemont ha dado a conocer este jueves su «plan de gobierno» para los próximos años, el cual violenta todo el sistema institucional que contemplan el Estatut de Cataluña y la Constitución.

El chiringuito de Puigdemont se considera a sí mismo como «la primera piedra de un nuevo estado independiente de Europa, que es Cataluña» y, en consecuencia, se arroga, nada más y nada menos, que un papel crucial en «la elaboración de la Constitución de la república catalana». 

Aunque este «consejo para la república» no está reconocido en ningún ordenamiento jurídico, se adjudica la capacidad de impulsar un texto constitucional para llevarlo al Parlament de Cataluña a pesar de la imposibilidad legal de seguir este cauce, tal y como el propio Puigdemont admite:

«En caso de que, llegado ese momento, en el Parlament de Cataluña no se dieran las condiciones adecuadas para un proceso constituyente, el consejo para la república promoverá los avances imprescindibles para la creación de una asamblea constituyente».

Es decir, que el chiringuito de Puigdemont se siente facultado para reemplazar al Parlament, aunque previamente intentará someterlo mediante el impulso de propuestas que configuren «la legislación de la República».

«Estas propuestas se impulsarán ya sea a través de Iniciativas Legislativas Populares, ya sea mediante el diálogo con los grupos parlamentarios de los partidos que están integrados en el consejo para la república», prevé.

Puigdemont, el pancatalanismo y el dinero

El plan de gobierno del consejo para república también entra a definir quiénes pueden integrarlo. «El consejo para la república es, potencialmente, la suma de todos los ciudadanos comprometidos con la república catalana», comienza.

Y concreto que estos ciudadanos no tienen por qué ser únicamente residentes en Cataluña, sino que pueden serlo «en el resto de los Países Catalanes, así como también todos aquellos ciudadanos de Europa y del mundo que son solidarios con la causa de la república catalana».

De ahí que el registro —fundamental en el chiringuito porque cada inscrito debe aportar una cuota económica— esté abierto no sólo a los residentes en Cataluña, sino también a todos aquellos ciudadanos de otros países de la comunidad internacional que estén alineados con los objetivos y valores de Puigdemont.

Siguiendo con el tema del dinero, y sin ningún sonrojo, el autodenominado consejo para la república también se propone la creación de un «fondo de la república» que dote de «estabilidad y robustez financiera» las estrategias diseñadas en Waterloo (Bruselas).

Puigdemont y su propia red de embajadas

Las ambiciones del líder huido no acaban aquí, ya que también se propone orquestar su propia red paradiplomática. «Es necesario que el consejo despliegue una red propia de delegaciones exteriores, que le permita articular relaciones estables con las instituciones y la sociedad civil de aquellos estados especialmente estratégicos de cara a sus objetivos».

Según sus planes, esta red paradiplomática debe ponerse al servicio de la internacionalización de la causa soberanista catalana y de actuar como «lobby político ante los estados e instituciones de la UE y del resto de la comunidad internacional». Y concluye: «Esta red actuará de manera complementaria con la red de delegaciones internacionales de la Generalitat».

Puigdemont y el boicot al IBEX

El plan del consejo para la república entra de lleno en el boicot al IBEX que impulsa desde hace meses la ANC con el visto bueno de Puigdemont. Según el chiringuito con sede en Waterloo, «la acción libre pacífica de los ciudadanos en la esfera económica, de entrada en tanto que consumidores, puede contribuir a debilitar aquellos actores económicos que utilizan su poder para dificultar la causa de la república»

Y señala dos «estrategias prioritarias»: «dar apoyo y promover la campaña consumo estratégico de la ANC» —que consiste en que los ciudadanos dejen de ser clientes de empresas del IBEX y se cambien a compañías comprometidas con el independentismo— y «fomentar la creación o el impulso de estructuras en el ámbito económico que nos acerquen a la materialización de la república catalana».

 

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