El presidente de la Generalitat, Quim Torra, a la conclusión de la mesa de diálogo en el Palacio de la Moncloa

Sánchez sufrió una traición al acabar la mesa de diálogo

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El presidente del Gobierno confiaba en obtener el doble apoyo de JxCat y ERC al techo de gasto, pero Torra rompió el compromiso de su grupo

Marcos Pardeiro

Economía Digital

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, a la conclusión de la mesa de diálogo en el Palacio de la Moncloa

Barcelona, 03 de marzo de 2020 (04:55 CET)

Algo se torció a la mañana siguiente de la mesa de diálogo entre Pedro Sánchez y Quim Torra, entre Gobierno y Generalitat. Confiaba el PSOE en que la reunión celebrada en el Palacio de la Moncloa era garantía de sobras para que Junts per Catalunya y ERC facilitaran la aprobación del techo de gasto de 2020 en la votación del día siguiente (jueves) en el Congreso. Pero no. Alguien tuvo que romper la palabra dada después de recibir una llamada y en este caso al otro lado del teléfono no estaba el de de (casi) siempre, Carles Puigdemont, tal y como la mayoría sospechaba, sino que estaba Torra.

La portavoz parlamentaria de Junts per Catalunya en el Congreso, Laura Borràs, se había comprometido ante el PSOE y ante ERC a que su grupo se abstendría en la votación del techo de gasto. Con el PSOE había llegado a este acuerdo como gesto de reconocimiento a la mesa de diálogo y con ERC lo había pactado para preservar "la unidad de acción del independentismo". Pero, a la hora de la verdad, no cumplió ni con uno ni con otro para desesperación de ambos.

Nadie lo esperaba porque durante la intervención de la mañana del jueves en el Congreso, el diputado de Junts per Catalunya Ferran Bel expresó su deseo de participar en la negociación política y parecía abrir la puerta a una abstención. Parecía porque, en realidad, su discurso resultó confuso debido a los contradictorios mensajes que comenzaba a recibir de los suyos.

"Eso no fue sit and talk; eso fue siéntate y calla"

La política de hoy en día vive sometida, aunque algunos no lo crean, a los mensajes de Twitter. Y un mensaje burlesco con la mesa de diálogo ("eso no fue sit and talk, eso fue siéntate y calla") de alguien muy cercano al portavoz parlamentario de JxCat en el Parlament, Albert Batet, desencadenó un brusco giro en la postura de la formación soberanista.

Según las fuentes consultadas, Batet, a la vista del tweet, trató de imponer a Borràs un cambio en la orientación del voto. Pero no lo logró. Lo intentó luego a través de Puigdemont y tampoco tuvo suerte (entre otras cosas, porque el líder huido se desentendió de este asunto y lo dejó en manos de Borràs). Hasta que dio con Torra y, finalmente, forzó el cambio de la abstención al voto en contra. Una nueva derrota para los dirigentes de JxCat que intentan explorar hasta dónde está dispuesto a ceder Sánchez.

El cabreo de ERC con el cambio de posición de JxCat fue enorme, ya que lo interpretó como un comportamiento “desleal” de sus socios después de compartir durante toda la semana la necesidad de actuar de forma coordinada en la votación de los objetivos de déficit del Gobierno.

Tan contundente fue la indignación de ERC que los republicanos no tardaron en anticipar a JxCat que, en adelante, ya no avanzarían el sentido de su voto a sus socios porque llegaron al convencimiento de que su único interés es utilizar esa información para contraatacar.

La deriva antipolítica de Puigdemont

El PSOE tampoco podía disimular su disgusto, aunque, al menos halló consuelo en que ERC sí que cumplió su palabra y pudo sacar adelante el techo de gasto. En privado, hallan un segundo alivio y es que la brecha independentista continúa abriéndose.

Y en esto último los socialistas están en lo cierto porque el baño de masas de Perpiñán no ha contribuido precisamente a tranquilizar al universo de Junts per Catalunya, que parecía con posibilidades de reordenarse pero que ha vuelto a encallar.

Algunos de los dirigentes presentes no comparten la deriva antipolítica de Puigdemont, que, tras rodearse de miles de simpatizantes en el sur de Francia, vuelve a verse con fuerza para imponer todos los criterios de reordenación a las distintos planetas de la galaxia posconvergente. 

En cambio, la publicación de encuestas como la última de ABC, donde JxCat se hunde hasta los 24 diputados están convenciendo algunos de que quizás no hay más remedio que quizá hay que transitar caminos separados con Puigdemont. Claro que esa opinión se escucha en JxCat desde hace casi dos años sin que nadie se decida a romper nada.

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