Vila acerca posiciones con el PP y rompe la lista de agravios del Govern

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CONFLICTO INSTITUCIONAL

 El conseller Vila y la ministra Pastor. /EFE/Susanna Sàez

04 de julio de 2014 (22:52 CET)

El conseller Santi Vila se ha propuesto modificar la lista de agravios que el Govern de la Generalitat mantiene con el Gobierno del Estado. La mayoría de esas cuestiones, que figuran en el particular cahier de dolèances que defiende con ardor el conseller de Presidència, Francesc Homs, guardan relación con las infraestructuras.

Y del afán intervencionista, con tintes “estalinistas”, como llegó a calificar Homs este jueves la actitud del Ejecutivo de Mariano Rajoy, se ha pasado al “ahora parece” que se pueden solventar cuestiones tan encalladas como la de los Puertos del Estado, en boca del President Artur Mas, en su acto de este viernes con empresarios. 

Es posible, por tanto, acordar cuestiones, una a una, como defiende Vila.

Pastor, la invitada de Vila

Santi Vila se casa este fin de semana. Y ha invitado a la ministra Ana Pastor. Es una señal evidente de que existe un buen clima. Los dos responsables de infraestructuras, del Govern y del Ejecutivo español, llevan meses acercando posiciones, dialogando, mostrando también discrepancias, pero también dejando claro que las diferencias entre Catalunya y el Gobierno del Estado se deben resolver una a una, mirando realmente en qué fallan esas relaciones, con el ánimo de rechazar que esa relación deba tener, por fuerza, un destino dramático.

El Ejecutivo catalán y el Ministerio de Fomento han llegado a un acuerdo, finalmente, que garantiza que los recursos que generen los puertos de Barcelona y Tarragona se podrán invertir en infraestructuras propias.

La intención del Gobierno central, ciertamente, era otra. El objetivo era que los beneficios de puertos como el de Barcelona se pudieran invertir en accesos viarios o ferroviarios de otras instalaciones competidoras. Pero, con el acuerdo, “los beneficios del puerto de Barcelona se quedarán en el propio puerto", según Santi Vila.

El desdén de Oriol Pujol


Más allá de la cuestión concreta, el hecho es que Vila ejemplifica el deseo de llegar a acuerdos con el Gobierno español en cada materia en la que haya una gran distancia. Sin embargo, en el otro extremo, se sitúa Homs, que no deja de alimentar, por cada actuación “centralizadora” del Ejecutivo de Rajoy, la mochila soberanista.

En la comisión sobre el derecho a decidir, reunida este jueves en el Parlament, Oriol Pujol justificó la orientación de CiU hacia el independentismo en los últimos años. Y lo hizo por el agotamiento de esa relación con el Gobierno central, al asistir “a un proceso de centralización”, y de no cumplimiento de los acuerdos.

Y llegó a mantener una actitud paternalista con el conseller Vila, quien, en la mañana del jueves se había visto “incapaz” de explicar en una radio por qué el servicio de Cercanías de Renfe suele tener problemas periódicos. Lo dijo para explicar que el Govern de la Generalitat ya no tiene argumentos ante las supuestas tropelías del Gobierno de Rajoy, en un intento de descartar ya las buenas intenciones y las negociaciones con el Gobierno central, y seguir el guión independentista que ha marcado el President Mas.

La ortodoxia de CDC, contra Vila

Pero Vila persiste. En Convergència no tiene mucho predicamento. La ortodoxia del partido le reprocha todas sus aproximaciones. Y toma distancia con algunos de sus gestos. En un acto con Agbar, Vila piropeó a la compañía por el trabajo que realiza en el terreno social y por consolidar la cultura del ahorro en Catalunya. Esa imagen contrastaba, y mucho, con la frialdad del President Mas en otro encuentro con el máximo directivo de Agbar, Ángel Simón en un acto de Foment, pocos días después de la adjudicación de la gestión de Aigües Ter Llobregat (ATLL) a Acciona.

Vila se ha desmarcado en varias ocasiones de la vía soberanista. Y llegó a asegurar que había un exceso de “entusiasmo adolescente” en ese apoyo al independentismo.

Todo ello le complica las cosas para un futuro político en Convergència.

Pero las cosas cambian. Y el conseller mantiene su idea de que, siempre con convicciones enraizadas en el nacionalismo catalán, el acuerdo es posible.

Lo lleva demostrando desde que es conseller de Territori i Sostenibilitat.
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