14-F: Un escenario abierto con vetos cruzados

La carrera por el primer puesto en las elecciones catalanas se aprieta. El PSC recupera terreno, pero el independentismo mantiene la hegemonía

Apenas falta un mes para las elecciones en Cataluña (si es que este viernes, 15 de enero, no se opta por un retraso debido a la preocupante evolución de la pandemia). Podría pensarse que, a un mes de la cita con las urnas del 14 de febrero, está casi todo decidido y que hay poco espacio para las sorpresas. Pero no.

Hay motivos para pensar que puede haberlas, principalmente por los nervios de los implicados, por la contundente caída de la participación (puede descender unos 20 puntos), y por las diferentes conclusiones de las encuestas.

Casi todos los sondeos coinciden en que ERC será la vencedora de las elecciones, pero no está nada claro con qué cifra puede obtener la victoria. Incluso hay un estudio, el de Gesop para El Periódico, que augura una victoria del PSC de Salvador Illa con 34-35 escaños.

El resto de encuestas sitúan a la Esquerra de Pere Aragonès en primera posición, pero discrepan respecto a su número de escaños: 33 las que menos, 39 las que más (como la última de Gad3 para La Vanguardia). Y discrepan respecto a la distancia a la que se sitúan sus perseguidores en una carrera cada vez más apretada.

El alcance del ‘efecto Illa’

La demoscopia ha detectado un efecto Illa tras la irrupción del ministro de Sanidad en la campaña, pero ninguna encuesta prevé que ese avance de los socialistas —el PSC puede alcanzar los 30 diputados— sea suficiente para propiciar un vuelco en el poder. El todavía ministro de Sanidad sobresale por su valoración, pero este dato no parece suficiente como para presagiar un cambio respecto a la hegemonía independentista.

Dicho de otra forma, ERC y Junts per Catalunya tienen muchos números para retener el poder porque el efecto Illa no tiene la envergadura como para pensar en una alternativa a la alianza de independentistas. Y eso a pesar de los muchos problemas internos que arrastran los impulsores del procés.

Ni ERC ni Junts per Catalunya sufren, en realidad, grandes rasguños. Ni por la inacción del Govern durante los últimos tres años, ni tampoco por la gestión de la pandemia.

De hecho, Junts per Catalunya, a pesar del amortizado Carles Puigdemont, también puede confiar en situarse cerca de los 30 diputados y, en consecuencia, a condicionar por completo a ERC, deseosa de abrir el juego político hacia otras formaciones. La apuesta de Esquerra es abrir el Govern a la CUP, al Pdecat y a Catalunya en Comú.

Pero nadie está dispuesto a jugar esa baza del frente amplio por la autodeterminación porque entre esos partidos dominan los vetos cruzados.

Los Comunes no quieren ni oír hablar de alianzas de gobierno con “la derecha catalana”, es decir, ni con Junts ni con el Pdecat. El Pdecat, a su vez, no quiere compartir ninguna trinchera con la CUP (su principal adversario en esta campaña). Pese a esta contundencia, ERC insiste en su frente amplio porque su gran interés es diluir la alianza que ha mantenido con el PSOE desde las últimas generales.

La caída de la participación y los indecisos

Pero si hay algo que lleva a pensar en que existe un escenario más que abierto en Cataluña es el de la caída de la participación, que fue del 79% en las elecciones del 21 de diciembre de 2017 y que podría caer por debajo incluso del 60%.

¿Quiénes se van a quedar en casa y quiénes van a acudir a las urnas, estén donde estén, haya que ir con una mascarilla o con dos atadas a las orejas?

Los propios partidos constitucionalistas sospechan que su electorado es el más pasivo porque una parte muy significativa percibe como desactivado el desafío independentista.

La reordenación desde el centro a la derecha

A nadie perjudica más esta circunstancia que a Ciudadanos, cuyo proyecto político podría quedar en escombros tras las elecciones. Las fugas de su excepcional resultado de 2017 (1,1 millones de votos y 36 escaños) van a ser en muchas direcciones: hacia el PSC, hacia el PP y hacia Vox. Todos ellos tienen perspectivas de mejora, mientras que Cs va a tener dificultades para no perder más de dos tercios de su capital político.

El PP puede soñar con doblar e incluso con sorpassar a Ciudadanos si alcanza los 10 escaños. Mientras que Vox, según sus propios adversarios, puede irrumpir sin dificultades con grupo parlamentario propio (5 escaños).

En suma, una profunda reordenación de las fuerzas desde el centro a la derecha. También abierta y también pendiente de los aciertos y errores de una campaña en marcha que, sobre todas las cosas, debe servir para aclarar qué ocurre con el amplio número de indecisos que invita a pensar en que las urnas del 14-F encierran sorpresas.