El comercio centenario de Barcelona reclama protección a los políticos

Las tiendas centenarias de Barcelona reclaman una nueva ley que garantice su supervivencia

La Asociación de Establecimientos Emblemáticos de Barcelona intenta que, mediante una ley del parlamento catalán, se proteja la continuidad de los comercios centenarios que tengan un interés cultural o ciudadano.

Esta asociación reúne una treintena de tiendas de más de un siglo de antigüedad que han conservado la misma actividad, la arquitectura o parte de los elementos artísticos originales que las hacen únicas. Curiosamente, todas las tiendas asociadas siguen abiertas pese al impacto de la pandemia de coronavirus. La entidad está presidida por Maya Widmaier Picasso, hija mayor de Pablo Picasso, aunque quien lleva las riendas es Josep Maria Roig, de la pastelería La Colmena, y el historiador y abogado Pep Cruanyes, que es el asesor legal.

Roig y Cruanyes han mantenido múltiples contactos políticos desde que se constituyó la asociación en 2011, especialmente con el Ayuntamiento de Barcelona. Sin embargo, Roig señala que el exlcalde Xavier Trias “prometió cosas que luego no hizo” y que la actual alcaldesa Ada Colau “no está por el tema” del comercio en general ni por las tiendas emblemáticas en particular.

Ante esta situación, emprendieron contactos con los grupos parlamentarios catalanes. También se han reunido con la actual directora general de Patrimonio Cultural de la Generalitat, Elsa Ibar. El abogado Cruanyes indica que ahora hay una predisposición política a abordar los planteamientos de las tiendas emblemáticas, pero no será en esta legislatura, que está en sus últimos días, sino en la próxima.

Cruanyes precisa que la “herramienta jurídica” para proteger al comercio centenario estaría dentro de una futura ley de patrimonio cultural inmaterial. De esta, por el momento, solo se han redactado estudios preliminares.

El parlamento balear se avanzó al catalán con la aprobación el año pasado de la llamada “ley de salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial”. La asociación de tiendas centenarias de Barcelona considera que encontrarían cobijo en este tipo de normativa.

En su momento consiguieron que la ley de comercio de Cataluña incluyera la definición de “comercio histórico”. Nunca se desarrolló. Roig y Cruanyes subrayan que este tipo de comercio está “definido”, pero no “protegido” por la ley.

Cambios de actividad

Las normativas municipales obligan a proteger ciertos elementos arquitectónicos o decorativos de los comercios catalogados como emblemáticos. Eso no impide que un colmado centenario pueda convertirse en una tienda de ropa de una multinacional o de una marca de lujo. Sin embargo, la asociación pretende que se aplique un mayor rigor en la protección del envoltorio, pero también de la actividad tradicional que se ha llevado en cabo en el establecimiento.

Muchos propietarios de locales no ven con buenos ojos estos planteamientos. Incluso los comerciantes que tienen tiendas singulares en propiedad consideran que se debe proteger los elementos artísticos o de interés histórico, pero nunca la actividad. Recuerdan que el comercio está en continua evolución: una actividad comercial que ahora resulte rentable quizás en unos años sea anacrónica y, por lo tanto, no quieren verse obligados a mantenerla.

La Asociación de Comercios Emblemáticos de Barcelona nació como reacción al final de la prórroga de la ley de arrendamientos urbanos. Precisamente, cuando finalizó la prórroga en 2014, muchas tiendas centenarias se vieron obligadas al cierre por la imposibilidad de pagar el incremento del alquiler.

“Si quieren que no desaparezcan, [los locales] deberían ser propiedad del Ayuntamiento o de la Generalitat. No digo que hayan de regalar nada. Deben cobrar los alquileres”, indica Roig. Un ejemplo es la cerería Subirà, que ha sobrevivido porque todo el inmueble es de titularidad municipal.

La realidad es que cada vez hay menos tiendas centenarias. Resisten las farmacias históricas cuyos locales son propiedad de las familias que las regentan, pero los comercios que están en alquiler temen que llegue el día en que no puedan competir con las rentas que están dispuestas a pagar las grandes cadenas.

Un ejemplo son las desaparecidas Filatelia Monje y chocolatería Fargas, que estaban situadas en los bajos del palacio Castell de Pons, una finca de la plaza de la Cucurulla catalogada como bien cultural de interés local. Ahora esta superficie está ocupada por la marca italiana de ropa de bajo coste Terranova. Desde finales de 2016 este grupo italiano está instalado en tres de las cinco plantas del inmueble. Quedan escasos vestigios de las dos tiendas centenarias. Se conservan elementos del palacio -especialmente la escalinata y las pinturas de los techos- aunque pocos de los jóvenes que van a comprar jeans y camisetas los relacionan con su pasado histórico.

El palacio Castell de Pons, de la plaza de la Cucurulla de Barcelona, acoge la principal tienda de la italiana Terranova en España. En sus bajos estaban hasta 2016 las centenarias Filatelia Monje y la chocolatería Fargas. /ED

El palacio Castell de Pons, de la plaza de la Cucurulla de Barcelona, acoge la principal tienda de la italiana Terranova en España. En sus bajos estaban hasta 2016 las centenarias Filatelia Monje y la chocolatería Fargas. /ED

Según el último plan especial de protección de la calidad urbana, elaborado por el Ayuntamiento de Barcelona, aún quedan 211 establecimientos emblemáticos dignos de protección, aunque no necesariamente centenarios.