Netflix dice «basta»: demanda masiva a TikTok por versiones de IA de ‘Las guerreras K-Pop’, ‘Los Bridgerton’ y ‘Stranger Things’
La plataforma exige la retirada inmediata de los vídeos generados y amenaza con llevar el conflicto a los tribunales
TikTok y ‘La guerreras k-pop’
Netflix ha decidido pasar de las advertencias a la acción legal. La plataforma de streaming ha remitido un requerimiento formal de cese y desistimiento a ByteDance, matriz de TikTok, por la utilización de su generador de vídeo por inteligencia artificial, Seedance 2.0, para crear contenidos inspirados en algunas de sus producciones más emblemáticas.
El movimiento se produce en un momento de creciente tensión entre los grandes estudios de Hollywood y las plataformas tecnológicas que desarrollan herramientas de IA generativa. La disputa gira en torno al uso de obras protegidas por derechos de autor como material de entrenamiento y como base para generar nuevos vídeos, que en algunos casos replican personajes, tramas o estéticas fácilmente reconocibles.
Netflix sostiene que no ha otorgado autorización alguna para que su catálogo sea empleado en estos sistemas. Según la compañía, la creación y difusión de vídeos que evocan de forma directa sus series constituye una infracción tanto directa como indirecta de sus derechos de propiedad intelectual.
Versiones generadas por IA de ‘Stranger Things’ y ‘Los Bridgerton’
El conflicto se ha intensificado tras la circulación de vídeos creados con Seedance 2.0 que recrean universos de ficciones como Stranger Things, Los Bridgerton o El juego del calamar, así como la producción animada conocida como Las guerreras K-Pop. En muchos casos, los clips reproducen escenarios, caracterizaciones y dinámicas narrativas que remiten claramente a las obras originales.
La viralización de estos contenidos en TikTok ha amplificado el problema, ya que millones de usuarios han compartido versiones alternativas, secuelas imaginarias o cruces entre personajes generados automáticamente a partir de indicaciones textuales.
Para Netflix, el hecho de que estos vídeos se produzcan y distribuyan en una plataforma con fines comerciales agrava la situación. La empresa argumenta que no se trata de parodias aisladas creadas por fans, sino de un sistema tecnológico que utiliza material protegido para generar productos que compiten en atención y tráfico con las obras originales.
Cuatro exigencias para evitar un litigio inmediato
En su comunicación formal, Netflix plantea cuatro demandas concretas a ByteDance. La primera es el cese inmediato de la producción generativa que reproduzca elementos protegidos, mediante la implantación de filtros tecnológicos que impidan a Seedance crear contenidos similares a sus títulos, personajes o escenarios.
En segundo lugar, exige la eliminación de cualquier material de su propiedad que haya sido incorporado a los conjuntos de datos de entrenamiento del sistema. La compañía considera que el uso de sus obras para alimentar algoritmos sin licencia constituye una apropiación indebida.
Asimismo, reclama la retirada de todos los vídeos generados que incluyan referencias a su propiedad intelectual en las plataformas controladas por ByteDance. Finalmente, solicita un informe detallado que identifique todas las ocasiones en que Seedance haya producido contenidos basados en indicaciones relacionadas con su catálogo.
Un ultimátum en plena ofensiva de Hollywood
Netflix ha otorgado un plazo de tres días hábiles para recibir respuesta, dejando claro que, de no atenderse sus exigencias, emprenderá acciones judiciales. El tono del requerimiento refleja una postura firme ante lo que considera una explotación sistemática de su creatividad y sus inversiones.
La iniciativa se suma a la presión ejercida por la Motion Picture Association, que días antes había instado a ByteDance a cesar actividades que, a su juicio, vulneran la legislación de derechos de autor estadounidense a gran escala.
Otros gigantes del entretenimiento también han manifestado su malestar. Warner Bros., Disney y Paramount habrían trasladado sus propias quejas, preocupados por la proliferación de vídeos generados que evocan sus franquicias más reconocibles.

La respuesta de ByteDance y el debate sobre la IA
ByteDance ha señalado públicamente que está reforzando sus salvaguardas para prevenir usos indebidos de propiedad intelectual. La compañía asegura estar trabajando en mecanismos que limiten la generación de contenidos no autorizados, aunque no ha detallado qué cambios concretos implementará en Seedance 2.0.
El caso pone de relieve un debate más amplio sobre los límites del uso legítimo en el ámbito de la inteligencia artificial. Las plataformas tecnológicas sostienen que el entrenamiento de modelos con grandes volúmenes de datos puede ampararse en determinadas excepciones legales, mientras que los estudios defienden que la reproducción sustancial de sus obras excede cualquier interpretación razonable.
En paralelo, algunos actores del sector han optado por acuerdos formales. A finales de 2025, Disney anunció una alianza con OpenAI para integrar personajes en el sistema Sora bajo licencias específicas, un movimiento que busca establecer estándares de uso responsable y evitar litigios.
Propiedad intelectual en la era de la automatización creativa
La ofensiva de Netflix marca un punto de inflexión en la relación entre la industria audiovisual y las plataformas de IA. El conflicto no solo es jurídico, sino también estratégico, ya que redefine quién controla y monetiza los universos narrativos en la era digital.
Para las productoras, la inversión en guionistas, actores, diseño y producción constituye el núcleo de su negocio. Permitir que algoritmos generen versiones derivadas sin autorización podría diluir el valor de sus marcas y afectar a su capacidad de explotación comercial.
La batalla que ahora se libra entre Netflix y ByteDance anticipa un escenario en el que los tribunales deberán delimitar con mayor precisión los contornos del derecho de autor frente a la automatización creativa. Mientras tanto, la plataforma de streaming ha dejado claro que no está dispuesta a tolerar lo que considera una apropiación masiva de su catálogo, en una disputa que podría sentar precedente para toda la industria del entretenimiento.