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Junqueras y Puigdemont se blindan y ofrecerán una imagen de unidad para convocar el referéndum y aguantar la reacción de Rajoy

Barcelona, 19 de marzo de 2017 (05:00 CET)

Oriol Junqueras y Carles Puigdemont están en la misma longitud de onda. El líder de Esquerra, y vicepresidente del gobierno catalán se ha conjurado con el presidente de la Generalitat para aislar a Mas, para concentrarse en ofrecer una imagen de unidad que lleve a la convocatoria del referéndum, --o justo antes del verano, o justo después de la Diada del 11 de septiembre, y a aguantar, después, la posible reacción del Gobierno español de Mariano Rajoy.

Los dos, Junqueras y Puigdemont han trazado una estrategia, que se ha ido perfilando en las últimas semanas, que tiene un objetivo: ofrecer al conjunto del movimiento soberanista, y a la sociedad catalana, que la convocatoria del referéndum va en serio, y que no puede existir un plan B, cuando “el Gobierno español no se ha movido ni un milímetro, cuando no ha planteado ningún gesto ni ningún acuerdo”, según fuentes republicanas.

Tanto Junqueras como Puigdemont han llegado a la conclusión de que necesitan ofrecer esa imagen de unidad, frente a los intentos de Artur Mas en los últimos meses, que han dejado entrever que lo mejor sería convocar el referéndum, admitir que no es posible celebrarlo y convocar elecciones, para buscar una mayoría más amplia del soberanismo que obligara al Gobierno de Mariano Rajoy a negociar. Lo aseguró Mas en una clarificadora conferencia ante los empresarios en la Cambra de Comerç, y lo hicieron suyo dirigentes como Mercè Conesa, alcaldesa de Sant Cugat y presidenta del consejo nacional del Pdecat.

Puigdemont ha comenzado a ir por libre. No quiere ser candidato de su partido. Lo ha afirmado una y otra vez. Y se enfada airadamente si se le espeta que, al final, con la presión de su partido, lo acabará siendo.

El president Puigdemont va por libre, quiere convocar el referéndum y sólo él puede adelantar las elecciones

El objetivo de Puigdemont es convocar el referéndum, y tiene el poder para hacerlo y, principalmente, el poder para convocar elecciones. Aunque, como Junqueras ha lanzado esta semana, la convocatoria del referéndum la asume todo el Govern, lo único que sí está en manos exclusivamente de Puigdemont es convocar los comicios al Parlament. Y no quiere precipitarse.

Distintas fuentes aseguran que, si se puede aguantar, las elecciones serán ya en 2018. Y Junqueras está con él. Los republicanos tampoco quieren precipitarse. El líder de Esquerra prefiere ganar tiempo, concentrarse en el referéndum, comprobar hasta dónde quiere llegar el Gobierno español, y esperar también a ver qué sucede con los casos de corrupción que rodean a Artur Mas, y al Pdecat, por más que la dirección del nuevo partido trate de escapar de la herencia de Convergència.

Los intereses de los dos políticos, por tanto, se han dado la mano. El Pdecat, muy debilitado, no podrá frenar a Puigdemont. Al revés.

Rajoy puede parar el proceso si ofrece un acuerdo que puedan votar los catalanes antes del referéndum

A la actual dirección, que dirige Marta Pascal, no le gusta que se la relacione una y otra vez con Artur Mas. Y en los próximos meses las cosas no serán muy bonitas para el propio Mas, inhabilitado, con el caso Palau de la Música a sus espaldas, con el caso 3% de Torredembarra en la nuca; y con el inminente caso de Oriol Pujol, sobre las ITV, en su retina. El expresidente, además, afrontará el dia 29, en el Parlament, una dura sesión para dar cuenta de caso del Palau, tras las declaraciones de Fèlix Millet y de Jordi Montull según las cuales Ferrovial pagaba a Convergència a cambio de concesión de obra pública.

Las dudas sobre qué hará el Govern, sobre la supuesta ambigüedad de Junqueras, han llevado a Esquerra y a Puigdemont a blindarse y a constatar que van a la una, que asumen las consecuencias de convocar el referéndum y a convocar elecciones, si se puede, ya en 2018.

Ahora bien, todo quedaría en manos de Mariano Rajoy si, en los próximos meses, quiere realmente llegar a un acuerdo con el gobierno catalán, que pudieran votar los catalanes. En ese caso, Puigdemont y Junqueras lo escucharían. Un acuerdo, que siempre se verbaliza sobre financiación, infraestructuras, blindaje de competencias y algunos reconocimientos simbólicos.

En caso contrario, todo camina hacia una confrontación.