Liberales y socialistas: el diálogo racional es posible
Lo más importante no es el balance de acuerdos o desacuerdos, sino la disposición a escuchar, a asumir las razones del otro y a modificar las propias posturas
Lo más importante no es el balance de acuerdos o desacuerdos, sino la disposición a escuchar, a asumir las razones del otro y a modificar las propias posturas
El 67% de los españoles no cree que los fondos europeos vayan a tener un efecto real, y un 70% piensa que no van a servir ni para modernizar ni para revitalizar la economía
En España el sistema es primordialmente público, financiado en su mayor parte por cotizaciones sociales, y los planes de pensiones privados son voluntarios y juegan un papel secundario
Da la impresión que la reforma laboral ha sido, más que una negociación, una escenificación en la que los actores interpretar unos papeles que en realidad no representan
Parece que los prejuicios ideológicos, la animadversión hacia la iniciativa individual y las empresas y creer que lo verdaderamente valioso es el sector público es lo que guía la acción del Gobierno
El gobierno cree que se puede salir de la crisis multiplicando el gasto público y financiando tal cosa con aumentos constantes de impuestos a las empresas, lo que hacen muy difícil que éstas puedan crecer. Cuando menos es una curiosa estrategia de recuperación
Sin planes detallados y ajustados a las condiciones europeas no hay desembolso posible, sin desembolso no hay ni impulso económico ni cuadran los presupuestos del Estado
Nuestro gobierno debería tomar ejemplo de modelos laborales como el danés y apostar la flexiseguridad, en lugar de insistir en medidas de política laboral que sólo provocan rigidez, desempleo y desigualdad.
En España hay pocas oportunidades para que las personas inactivas se integren en el mercado de trabajo en comparación con el modelo danés
El equívoco fundamental de las medidas que encarecen el despido está en creer que con ellas se está protegiendo a los trabajadores, cuando lo que se hace es perjudicarles
El documento presentado por el Gobierno no sirve como prospectiva: la enunciación de los objetivos es más bien un ‘wishful thinking’. Se olvidan de la incertidumbre y determinan que el escenario más “favorable” es el más “probable”