Arantxa justifica con lágrimas ante la opinión pública la batalla con su familia

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La mejor tenista española de todos los tiempos modera el tono de los reproches a su familia durante la presentación de su primer libro, un acto en el que no quiso contestar preguntas. Visiblemente nerviosa, ha reiterado que intentó negociar con su familia antes de publicar el libro y airear su mala relación con sus padres

Arantxa Sánchez Vicario

14 de febrero de 2012 (14:06 CET)

Con las manos temblorosas y voz quebrada, Arancha Sánchez Vicario, la mejor tenista de todos los tiempos, sufrió para justificar la batalla legal que hizo pública por la pérdida patrimonial que, según ella, ha ocasionado la gestión de su padre.

La que hace años fue una aguerrida tenista y no daba por perdida ninguna pelota, tuvo que hacer varias pausas, necesitó un vaso de agua y no pudo evitar el llanto al final de la lectura del comunicado en el que volvió a reprochar a sus padres que no hayan consentido el matrimonio con su segundo marido, el empresario Pep Santacana.

El reencuentro ante las cámaras de la tenista que había perdido desde hace 10 años el protagonismo en los medios de comunicación no pudo ser más difícil. Ante un centenar de periodistas tuvo que justificar la decisión de ventilar los problemas económicos con su familia.

“¿Puede alguien pensar que yo no quería resolverlo por las buenas y que se quedara todo en la familia?”, justificó Arantxa en la presentación de su obra este martes en la Casa del Libro. La declaración viene a confirmar una negociación que tuvo su abogado, Juan José Burgos, con los representantes legales del padre, a través de la cual Arantxa exigió ocho millones de euros para que el conflicto no se hiciera público, según fuentes cercanas a la negociación.

Menos leña

Pero en la intervención pública, esperada desde hace días por los medios, la tenista no quiso encender aún más la polémica por la querella que interpuso contra su padre por apropiación indebida y administración desleal. Finalmente, no constestó a ninguna pregunta, decisión que le costó algunos silbidos y protestas aisladas de parte del aforo.

Quienes esperaban más ataques y un nuevo capítulo en el culebrón de los Sánchez Vicario no pudieron pasar página. Arantxa se mantuvo en los mismos reproches, centrados en el excesivo control de los padres que temían que el patrimonio de la deportista se esfumara con algún cazafortunas. Lo que sí hizo Arantxa fue defender a su actual marido, al que el entorno de los padres acusa de estar detrás de la demanda judicial y de la publicación del conflicto.

La tenista aseguró que ella ya cuenta con la libertad para decidir por sí misma. “Soy la misma persona de siempre, sólo que ya me cansé de fingir una relación que no existe”.

El final del espectáculo

La presentación del libro comenzó con una entrevista pactada. En ella, la tenista abordó temas que no interesaban en exceso a los asistentes: dijo que tenía una excelente relación con Mónica Seles, que su fortaleza era la lucha en la cancha por cada pelota y que no extraña en lo más mínimo su vida como tenista profesional.

Ante ella, un enjambre de periodistas y fotógrafos deportivos, económicos y de la prensa del corazón que se peleaban codo a codo por el mejor ángulo de la estrella del tenis. Al final del comunicado, cuando no pudo contener las lágrimas, un grupo de amigos estalló en aplausos. También se levantó su marido Pep Santacana que no dejó de sonreir ante una imagen de fondo que sirvió de excusa para todo el show mediático: la portada del libro.
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