La todavía presidenta, Mar Raventós, y el hasta ahora consejero delegado, Javier Pagés, de Codorníu.

El gigante del champagne Vranken Pommery se une a la puja por Codorníu

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El fabricante de los champagnes Vranken Pommery quiere entrar en el sector del cava tras haber sondeado anteriormente su entrada en Freixenet. Se suma a Carlyle

Barcelona, 20 de abril de 2018 (04:55 CET)

El champagne vuelve a cruzarse en el camino del cava. Y lo hace con una compañía inmersa en el ojo del huracán. Cuando todas las miradas se ciernen sobre Codorníusumida en un profundo enfrentamiento accionarial que ha llevado a la empresa a buscar un socio minoritario, la francesa Vranken Pommery se mueve de forma discreta para entrar en la firma de los Raventós.

Fuentes del sector explican a Economía Digital que el segundo productor de champagne del mundo ha iniciado conversaciones, todavía informales, con algunos accionistas de la empresa, descontentos con la gestión actual. A falta de colocar una oferta sobre la mesa, el interés de la firma obedece a sus ganas por diversificar todavía más su producto y poner un pie en España, donde todavía no tiene actividad propia, añaden las mismas voces.

Así, el interés de la empresa gala coincide con la "oferta no solicitada" del fondo estadounidense Carlyle. Pero mientras el vehículo norteamericano podría descartar la operación en el caso de no contar con la mayoría del capital, el bodeguero sí quedaría abierto a ocupar una posición minoritaria para adentrarse en el sector.

Vranken Pommery puede entrar con un porcentaje minoritario de Codorníu para aterrizar en el sector del cava

Reticentes a perder el control, los Raventós sí admiten abiertamente la búsqueda de un inversor que ayude a dar salida a los accionistas descontentos con la gestión, un porcentaje que oscila entre el 20% y el 30% del total. La incógnita por despejar será conocer el número de los 216 propietarios que se adhieran a alguna de las dos propuestas.

Además, Codorníu y Vranken Pommery disfrutan de unas relaciones más que cordiales y ya cuentan con varios acuerdos comerciales. De hecho, la empresa dirigida por Javier Pagès es el distribuidor de los champagnes de su homóloga francesa en la geografía española. 

No es el único vínculo entre ambas. En marzo de 2017, la sociedad gala lanzó un vino espumoso producido en el Reino Unido y California de la mano de Artesa, la bodega que la saga catalana posee en Napa Valley. Los preliminares ya están hechos.

Vranken Pommery presume de ser uno de los principales elaboradores de champagne del planeta con su abanico de marcas: Vranken, Pommery, Monopole y Charles Lafitte. Pero los intereses de la compañía se extienden más allá de la región francesa, pues también produce vinos de Oporto y de Douro y vinos rosados, variedad de la que es el primer productor del mundo.

La abultada deuda de Vranken Pommery hace más viable una entrada como minoritario que no la toma del control de Codorníu

Así, aterrizar en España de la mano de Codorníu y poner una pica en la Denominación de Origen Cava es uno de los retos de futuro de la empresa, que valora tanto la marca como los viñedos que la firma catalana tiene alrededor del mundo. El productor galo cuenta con 1780 hectáreas y dos plantas en la Camarga; 300 hectáreas y una bodega en Provenza; y 190 hectáreas y otra bodega en el norte de Portugal.

Sí el encaje de ambas compañías vislumbra sinergias en la distribución y la producción, alguna duda despierta la capacidad financiera de la empresa, que en el pasado financió otras adquisiciones con ampliaciones de capital. Cotizada en bolsa, la sociedad vale 210 millones de euros. En 2017 facturó 300,2 millones –cifra idéntica que en 2016– y ganó 8,7 millones –5,9 millones de la temporada anterior–.

El pasivo es la gran mochila de la sociedad. En el pasado ejercicio logró reducir la deuda desde los 651 millones hasta los 618 millones. El ratio entre las existencias y el endeudamiento también cayó de hasta el 0,92%. Para lograrlo, recurrió a la venta de su 50% de Listel SAS, una empresa participada también por el grupo Castel.

Ante tal nivel de endeudamiento, aterrizar en Codorníu con una participación minoritaria se antoja más factible que el asalto al mando, pues es previsible que el grupo francés encuentre dificultades para financiar una compra por la mayoría.

Incorporar-se Codorníu al grupo casi supondría doblar su tamaño gracias a los 235 millones de euros que factura la empresa familiar catalana. Sin embargo, es mucho menos rentable: en el ejercicio 2015/2016 el último disponible en el Registro Mercantil ganó apenas 68.000 euros. A falta de cifras oficiales, la temporada 2016/2017 acabó con varios millones de euros en pérdidas.

La nota positiva es que la compañía del Penedès ya realizó varios de los ajustes necesarios para impulsar su crecimiento. El pasado verano presentó un expediente de regulación de empleo para 71 personas y anunció su renuncia a fabricar para marcas blancas. Mientras, la contención del gasto es una de las máximas impuestas durante el actual ejercicio 2017/2018.

Una venta todavía más complicada que la de Freixenet

Vranken Pommery ya sabe lo difícil que es comprar una cavista. Se interesó por Vallformosa hace años y por la adquisición de Freixenet en 2016, pero jamás llegó a presentar una oferta formal. Ahora, las desavenencias entre los Hevia, los Ferrer y los Bonet que tanto sufrió la finalmente compradora Henkell pueden sonar a chiste ante una empresa con 216 accionistas y un grupo de la propiedad en pie de guerra, que ya consiguió apartar a Javier Pagés de la gestión.

Como explicó Economía Digital, alrededor del 20% del capital lideró una rebelión contra el actual mando de la cavista descontentos por la falta de resultados y la baja rentabilidad. Tras años de disgusto --escenificado en el 20% del capital que votó contra la gestión en el ejercicio 2015/2016--, los díscolos ganaron fuerza para provocar el relevo.

No obstante, cansados de pagar el impuesto sobre el patrimonio por la participación y a falta de dividendos, son muchos los que también planean deshacerse de su paquete “en el caso que llegue una buena oferta, que valore lo suficiente la empresa”. El principal problema, la falta de interesados hasta el momento. “Ha existido alguna muestra de interés, pero no se ha concretado ninguna proposición seria”, explicaban hace semanas las mismas voces. Ahora Vranken Pommery puede dar un vuelco al asunto.

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