El Gobierno japonés busca pruebas del fraude en las oficinas de Mitsubishi

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Funcionarios públicos inspeccionan uno de los centros de I D del grupo, mientras la compañía no descarta que el escándalo se pueda extender más allá de los 625.000 vehículos ya reconocidos

Economía Digital

El presidente de Mitsubishi Motors, Tetsuro Aikawa, hace una reverencia antes del anuncio sobre el fraude en las emisiones de los vehículos de la marca / EFE
El presidente de Mitsubishi Motors, Tetsuro Aikawa, hace una reverencia antes del anuncio sobre el fraude en las emisiones de los vehículos de la marca / EFE

Barcelona, 21 de abril de 2016 (09:20 CET)

El Gobierno japonés no ha tardado ni 24 horas en reaccionar a la manipulación de los datos de las emisiones en uno de los fabricantes estrella del mercado nipón, Mitsubishi Motors. Funcionarios del ejecutivo han registrado esta madrugada, hora española, una de las plantas de I D de la compañía, situada en Okazaki, en el centro del país.

Según medios japoneses, la administración ha dado un plazo de siete días, hasta el próximo 27 de abril, para que Mitsubishi presente un informe sobre el fraude en las cifras del consumo energético de más de 625.000 vehículos, que afectan a cuatro modelos diferentes. La compañía no ha descartado que otras marcas de su grupo también estén afectadas.

Reacción del ejecutivo

El ejecutivo nipón pretende evitar un escándalo similar al que en los últimos meses ha protagonizado el fabricante alemán Volkswagen. Un portavoz del Gobierno ha tachado la revelación conocida este miércoles como "extremadamente grave". Y ha añadido que este episodio "ha dañado la confianza de los consumidores y no será tolerado".

Presión de los neumáticos

Mitsubishi admitió en la víspera que sus empleados modificaron la presión del aire de los neumáticos durante las pruebas para evaluar el consumo de cuatro modelos de minivehículos (coches con motores de menos de 660 centímetros cúbicos) de los cuales se han vendido unas 625.000 unidades en Japón.

La mayoría de estos vehículos, unos 468.000, fueron comercializados por la también nipona Nissan. Todas las unidades afectadas se vendieron bajo la falsa garantía de que su consumo --una de las facetas que permite a los minivehículos ser competitivos-- era entre un 5% y un 10% más eficiente de lo que en realidad es.

Las pruebas fueron realizadas además con estándares que no están homologados por el Gobierno nipón desde 2002.
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