José Luis Bonet, presidente de Freixenet, y Pedro Ferrer, ex consejero delegado. La compañía no descarta trasladar la sede social fuera de Cataluña. EFE

Las familias se preparan para el consejo decisivo de Freixenet

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Los Ferrer, los Hevia y los Bonet se reunen antes de fin de mes para analizar la oferta definitiva de Henkell por Freixenet

Carles Huguet

José Luis Bonet, presidente de Freixenet, y Pedro Ferrer, ex consejero delegado. La compañía no descarta trasladar la sede social fuera de Cataluña. EFE

Barcelona, 16 de septiembre de 2017 (10:58 CET)

La planta noble de las bodegas de Freixenet en Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona) las ha vivido de todos los colores en el último año y medio. Pocas reuniones de las tres familias que controlan el líder del cava han sido tranquilas entre ofertas, contraofertas y amagos de venta. En los próximos 15 días, los Ferrer (42%), los Hevia (29%) y los Bonet (29%) se encontrarán en un consejo que marcará el futuro de la compañía tras el acuerdo prácticamente cerrado entre los dos últimos y la multinacional Henkell para la venta de sus acciones.

Como desveló Economía Digital, los Hevia y los Bonet ultiman las negociaciones con el gigante alimenticio germano después de que la tercera rama de la saga fracasara en repetidas ocasiones a la hora de conseguir la financiación necesaria para comprar la totalidad de la empresa. Con un precio estimado de 550 millones de euros para el 100% de la compañía, los Ferrer disfrutaron incluso de descuentos. Ni así.

Antes de acabar el mes de septiembre, o a comienzos de octubre a mucho estirar, los prohombres de cada familia se reunirán en un consejo de administración decisivo. Enrique Hevia, presidente de la sociedad, presentará la oferta de Henkell, que ya cuenta con el beneplácito de José Luis Bonet, a falta de algunos flecos. “Existen negociaciones pero no hay ningún papel firmado”, respondía el jueves a preguntas de este medio el máximo mandatario.

El origen de las tensiones de Freixenet: los Hevia contra los Ferrer

La vista no será plácida, como no lo ha sido casi ninguna desde que a comienzos de 2016 los Hevia abrieran la caja de los truenos: o vendían su parte o se hacían con la mayoría, hartos de la deficiente gestión de los Ferrer. Los Bonet, divididos, eran el nexo de unión entre ambas ramas.

Ya en primavera, la multinacional alemana realizó una primera propuesta por la cavista. El consejo para analizar la proposición estaba previsto para el 30 de marzo pero la muerte de Carmen Ferrer Sala, hija de los fundadores y madre de Enrique Hevia, obligó a aplazarlo cuando todos los miembros de la familia ya se encontraban en Sant Sadurní.

La nueva fecha: el 11 de abril. Los Ferrer habían reaccionado y preparaban su propia oferta para tomar la mayoría. El principal inconveniente era la banca, que les pedía un aval del 70% por el crédito que necesitaban para responder. Jamás lo lograron y las diferencias provocaron que el consejo acabara a gritos. La tensión la encarnaba a la perfección José Luis Bonet, que hasta el momento se esforzaba por mantener una posición neutral.

La venta se paralizó. Los Bonet estaban divididos, algo que espantó a Henkell, sólo interesada en tomar la mayoría. Mientras, los Ferrer seguían en busca de músculo para controlar la mayoría de Freixenet.

El pasado diciembre, Hevia tomó el mando de Freixenet con el apoyo de los Bonet

La siguiente jornada marcada en el calendario fue el 14 de diciembre. Cansados de la indefinición, los Hevia apartaron a los Ferrer del mando. ¿Cómo? El truco de Enrique Hevia fue nombrar una comisión directiva formada por tres miembros, uno de cada rama familiar: Pedro Ferrer, el consejero delegado, Enrique Hevia, entonces vicepresidente, y Eudaldo Bonet. No obstante, el apoyo de los Bonet sirvió para alzarlo como presidente ejecutivo y otorgarle el poder real, en detrimento de los Ferrer, que por primera vez en la historia de las bodegas, perdieron el mando.

Desde entonces, calma tensa. El nuevo mandatario se esforzó en mejorar la eficiencia de una compañía que en el último ejercicio apenas ganó 2,39 millones de euros con una facturación de 539 millones.  Nombró a su sobrino Diego Jímenez Hevia como director general y se deshizo de una de las directivas más valoradas por los Ferrer, Silvia Carné, con el objetivo de hacer más rentabla a la empresa y revalorizarla de cara a la venta.

En paralelo, se ganó el favor de los Bonet para dar luz verde a la oferta de Henkell y deshacerse del 58% de la empresa que ambos poseen. Si nada cambia en estas semanas, el consejo dará luz verde a la venta de la mayoría a la empresa alemana. Eso si los Ferrer no se sacan otra oferta de la chistera, aunque ahora ya no tienen margen para hacer esperar a sus primos, cuya paciencia ha colmado. Su papel, el de los Ferrer, que no quieren vender su 42%, se presume el de socio local del gigante alemán, para que Freixenet sea una verdadera multinacional pero mantenga sus raíces en el Penedès.

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