Hevia y los críticos arrebatan el poder de Freixenet a los Ferrer

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Enrique Hevia y Eudald Bonet compartirán la dirección con Pedro Ferrer tras el fracaso de la última oferta

Xavier Alegret

Los directivos de Freixenet, con José Luis Bonet, presidente, y José Ferrer Sala, presidente de honor, en primer plano
Los directivos de Freixenet, con José Luis Bonet, presidente, y José Ferrer Sala, presidente de honor, en primer plano

Barcelona, 15 de diciembre de 2016 (06:00 CET)

Los Ferrer jugaron fuerte pero perdieron. Su nueva oferta no surgió el efecto deseado. El consejo de administración de Freixenet, al que asistieron los doce miembros de la tercera generación pero no el patriarca, José Ferrer Sala, terminó con un golpe de estado de los críticos que esta vez no pudieron sofocar.

Pedro Ferrer, consejero delegado, pierde el poder. La compañía creó este miércoles una comisión directiva ejecutiva, una especie de dirección tripartita entre las tres ramas familiares: los Ferrer Noguer, que tienen un 42% de las acciones, los Hevia Ferrer (29%) y los Bonet Ferrer (29%).

Con esta decisión, en teoría la gestión cae en un miembro de cada una de las familias, pero a la práctica, supone una victoria de los críticos. Pedro Ferrer estará en dicha comisión, pero estará acompañado de dos díscolos: Enrique Hevia y Eudaldo Bonet.

Hevia es vicepresidente y máximo representante del sector crítico. Fue él quien abrió la caja de los truenos al anunciar la venta de su 29%. Eudaldo Bonet fue uno de los dos hermanos Bonet que desde el principio estaban con Hevia. Por ello, a la hora de la verdad las decisiones las tomarán ahora los críticos.

Temporal

Sin embargo, todas las partes están interesadas en que esta situación dure lo menos posible. El objetivo de esta nueva estructura transitoria es buscar una venta o la llegada de un inversor o de un partner que ayude a las bodegas en su internacionalización, según explicaron fuentes cercanas a la compañía.

Lo que está claro es que la oferta de José Ferrer quedó neutralizada. Tras fracasar en octubre al no lograr la financiación, hace pocas semanas consiguió finalmente un crédito sindicado. Pese a ello, la oferta, que era inferior a la de la empresa alemana Henkell, no prosperó este miércoles.

Se vende

El nuevo escenario es el de una Freixenet con el cartel de se vende. Todas las opciones están abiertas. A pesar de que la oferta de Henkell quedó guardada en un cajón, Hevia, su valedor, podría resucitarla. Sería un socio estratégico que gusta a todos… menos a los Ferrer.

Otra opción es buscar un inversor que compre una participación importante, aunque no mayoritaria. Eso permitiría a los Ferrer mantener la gestión. Si en vez de oponerse a la venta, como hasta ahora, optan por buscar un socio, pueden matar dos pájaros de un tiro: mantener el control y librarse de los críticos.

En los últimos meses ha habido varios rumores, como el posible interés de un fondo de capital riesgo o de la japonesa Suntory, propietaria de Schweppes y socia de Freixenet en Japón, pero no han pasado de ahí.

Un giro de guión más en el culebrón

La crisis interna de Freixenet ha dado muchos giros en los últimos meses. Después del parón del verano, José Ferrer, de 91 años, presidente de honor y propietario del 42% de las acciones, cogió el timón de la venta y anunció una oferta que nunca llegó: no logró el dinero.

Su fracaso, como explicó Economía Digital, levantó una rebelión de los Hevia y los Bonet para arrebatar el poder a los Ferrer, como finalmente ha pasado. Sin embargo, en medio ha habido más capítulos.

Para frenar este golpe de estado, Ferrer prometió una nueva oferta que debía presentar antes de fin de año. El día D era este miércoles, pero no prosperó. Ante este nuevo fracaso, el último giro de guión es esta extraña dirección colegiada entre tres personas con ideas muy distintas de cómo llevar la compañía.

Para los Ferrer, Freixenet es su casa. Priorizan el arraigo a la tierra, al Penedès y a su gente, por lo que siempre han descartado despidos a pesar de la crisis. Hevia es el financiero. Ve los números y la baja rentabilidad de la empresa y sacaría las tijeras. Hasta ahora, la última palabra la tenía Ferrer como consejero delegado. ¿Y mañana?
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