Los Ferrer se lo juegan todo a una junta antes de Navidad

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El consejero delegado de Freixenet, Pedro Ferrer, salva la cabeza con la promesa de una nueva oferta, que presentará antes de fin de año

Xavier Alegret

José Luis Bonet y Pedro Ferrer, durante una visita de Albert Rivera a las bodegas Freixenet / EFE
José Luis Bonet y Pedro Ferrer, durante una visita de Albert Rivera a las bodegas Freixenet / EFE

Barcelona, 05 de diciembre de 2016 (06:00 CET)

El culebrón de Freixenet se alarga, al menos, hasta fin de año. El comité ejecutivo del pasado 30 de noviembre fue tenso, pero no culminó la rebelión para descabalgar a Pedro Ferrer de la dirección del grupo. Los Ferrer lo evitaron con la promesa de una nueva oferta, que tiene que llegar en una junta extraordinaria antes de Navidad.

José Ferrer, presidente de honor de Freixenet y primer accionista con una participación del 42%, hizo una oferta en octubre para comprar las acciones de los socios que quieren vender: los Hevia Ferrer, propietarios de un 29%, y la mitad del 29% que tienen también los cuatro hermanos Bonet Ferrer.

La oferta no llegó a buen puerto, pero no porque el resto de accionistas la rechazaran, sino porque no consiguió la financiación. Ferrer necesitaba un crédito de unos 120 millones, pero los bancos con los que negoció, encabezados por el Santander, no se lo concedieron. El patriarca de la familia no satisfizo las garantías pedidas por la entidad.
 
La rebelión, sofocada… de momento  

La retirada de la oferta desesperó a Enrique Hevia, vicepresidente de Freixenet y máximo representante de los accionistas descontentos, que quería pasar página con la venta de sus acciones. Al no conseguirlo, y con la oferta de la alemana Henkell en stand by, planeó destituir a Pedro Ferrer, consejero delegado, para tomar el cargo.

Hevia, que ya contaba con el apoyo de Pedro y Eudaldo Bonet, convenció a José Luís Bonet, presidente de las bodegas, para dar el golpe de Estado y tomar el mando de Freixenet. El objetivo era darle un giro a la gestión, con un recorte del gasto que hiciera más rentable la compañía, y retomar el proceso de venta.  

El comité del pasado miércoles podía ser decisivo. Allí iba a plantearse el cambio en la dirección de las bodegas, si alguien o algo no lo impedía. Y lo hicieron los Ferrer con la promesa de una nueva oferta.  

Ferrer sigue buscando el dinero    

José Ferrer Sala, el hereu, único hijo vivo de los fundadores de Freixenet, siente las cavas como algo suyo y, a los 91 años, no está dispuesto a renunciar a ellas. Según explicaron fuentes cercanas a la familia, sigue en sus trece de tomar la mayoría de la compañía, por lo que insiste en conseguir el crédito.

No lo tendrá fácil: lleva más de medio año negociando y no lo ha conseguido, y la oposición actúa en bloque, por lo que no tendría suficiente comprando el 9% que necesita para situarse en el 51%. Además, si lo hiciera, provocaría una fractura en el accionariado difícil de reconstruir.  

A las puertas de Navidad

La promesa de una nueva oferta convenció a Hevia y los Bonet a medias. Pero poco más podían hacer: prefieren vender que dar el golpe de estado y además, este golpe, a las puertas de Navidad, no sería lo más adecuado para una empresa que se juega una parte tan importante de sus ventas en esta época.  

Ahora todo queda pendiente de una junta de accionistas extraordinaria que se celebrará antes de fin de año y que es un arma de doble filo. La oferta debe materializarse en esa junta, y si Ferrer consigue el dinero, puede dar carpetazo a casi un año de división. Pero si no lo logra, se visualizará la fractura total a pocos días de los brindis de Navidad.
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