La arriesgada vida del hombre que nos quiere vender 'Eurovegas'

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El multimillonario que apuesta por España y el mercado inmobiliario contracorriente estuvo a punto de arruinarse en 2008. Mientras todos le aconsejaban frenar los enormes casinos, Sheldon Adelson aceleró el ritmo, arriesgó la fortuna familiar y ahora tiene 25 billones de dólares

Sheldon Adelson, impulsor de Eurovegas.

22 de febrero de 2012 (23:38 CET)

En verano de 2008, cuando las acciones de Las Vegas Sands habían perdido más del 90% de su valor, la junta directiva estuvo a punto de dar la espalda a su consejero delegado, Sheldon Adelson, el empresario estadounidense de origen judío empecinado en construir la versión europea de Las Vegas en las afueras de Barcelona o Madrid.

En esa época, la caída de sus proyectos parecía imparable. La construcción simultánea de megacomplejos en Macao, antigua colonia portuguesa en China, Singapur y un extravagante edificio veneciano en Las Vegas, The Venetian, habían consumido el crédito de la compañía y las financieras exigían una renegociación de la deuda y la desaceleración de las obras.

Pero Adelson, un empresario judío criado en el modesto barrio de Borchester de Boston, lejos de obedecer como haría cualquier inversor conservador, ordenó acelerar las obras. Para ello, tuvo que aportar su fortuna familiar (calculada en unos 3.000 millones de dólares) como aval para continuar.

La salvación en Asia

Estuvo a punto de perderlo todo, pero el despegue de sus negocios en Singapur y Macao hicieron que en sólo dos años, Adelson pudiera recaudar 25 billones de dólares con un ritmo de enriquecimiento difícil de superar. Desde entonces sus acciones se han revalorizado un 3.700%, según publicó la revista Forbes el miércoles pasado.

Hoy es dueño de Maariv, un periódico gratuito de derechas de Israel, de una inmobiliaria con un enorme patrimonio y patrocionador de la campaña electoral de Newt Gingrich, el republicano en la carrera para ser candidato presidencial.

Con el mismo riesgo de siempre, Adelson llegó el martes pasado a Barcelona a vender su proyecto de Eurovegas, un mastodóntico complejo que pretende construir en las afueras de Madrid o Barcelona 12 hoteles, 6 casinos, un campo de golf y un estadio para 17.000 espectadores con una inversión de 17 billones de euros.


Tres horas en la Generalitat

El hombre que estuvo a punto de perderlo todo llegó el miércoles pasado casi de incógnito a la sede de la Generalitat, en Barcelona. La comitiva, en tres Mercedes, se presentó a las 15:37 horas con el equipo de asistentes, pero su hija, su nieto y el enfermero, que llegaron con algo de retraso, tuvieron problemas en la puerta. Las fuerzas de seguridad no permitieron su acceso y fueron obligados a esperar en la plaza de Sant Jaume. Después de realizar algunas llamadas, la hija del magnate logró superar las reticencias de los Mossos.

Adelson expuso sus planes ante la audiencia: políticos y representantes de los empresarios judíos afincados en Catalunya. El magnate, que pide flexibilidad con la ley antitabaco, la entrada de menores a los casinos, más permisividad con los ludópatas y facilidades para contratar mano de obra barata, se mostró dispuesto a negociar algunos usos del complejo. Después de su intervención, cundió la sensanción de que el empresario se inclina por llevar sus millones a Madrid.

A las 18:20 horas, la mayoría de los fotógrafos que esperaban la llegada de Alberto Ruiz Gallardón a la Generalitat, se encontraron con una noticia inesperada: la salida del magnate del Eurovegas del Palau. La carambola les sirvió para llevar a las portadas de casi todos los diarios al empresario que, sin cinturón de seguridad, se marchó en su coche saludando con una amplia sonrisa a los periodistas y curiosos.
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