La explosión de la economía colaborativa: moverá 300.000 millones de euros en una década

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Esta propuesta de negocios entre usuarios choca con varios problemas legales, y sólo funciona si permite reducir los costes de las transacciones

La promoción de los servicios de Uber puede llegar un poco lejos.

Barcelona, 30 de julio de 2016 (13:07 CET)

Aunque día sí día no salgan nuevas leyes para regularla, la economía colaborativa seguirá creciendo a un ritmo exponencial, y en una década se multiplicará por diez. La Unión Europea cuantifica el volumen de este tipo de transacciones en 28.000 millones de euros para el 2015, pero según la consultora PwC la burbuja seguirá creciendo y calcula que en diez años movilizará 300.000 millones de euros.

Hasta el año pasado, había más de 7.500 empresas y plataformas en el mundo que apostaban por este modelo de negocio, donde los interesados se conectan directamente con los proveedores de los servicios, y pueden coordinarse para compartir el uso de un coche, dormir en una casa o preparar una comida especial por tarifas más económicas que los precios de mercado.

En España, este tipo de economía llegó entre el 2012 y el 2013, y sobre todo de la mano de empresas relacionadas con el turismo, como Airbnb para el alojamiento, o Uber o Blablabla Car para el transporte. Pero luego se expandió a otras actividades económicas, como la venta de productos de segunda mano (Wallapop) las finanzas y los préstamos (Zank), la educación (Tutellus), el uso de herramientas (Relendo), intercambio de ropa para niños (Grownies), la gastronomía (Social Dining) o hasta buscar lugar para aparcar (Parclick)

En Estados Unidos, señala el informe, una de cada cinco personas ha participado de los servicios de la economía colaborativa, y los mayores usuarios son las personas de 25 a 45 años, que concentran una de cada dos actividades.

Puntos a favor y en contra

La escuela de negocios OBS, que ha tomado las estadísticas de PwC, ha realizado un estudio llamado "Los límites de la economía colaborativa", en donde se describe que, a favor, este tipo de transacciones tiene el viento de cola que proporciona la exposición por Internet y la difusión viral por redes sociales. Además, permiten ahorrar tiempo y costes de gestión, al mismo tiempo que automatizan los procesos y funcionan en entornos con mayor transparencia informativa.

Pero hay problemas a la vista, como el vacío legal y social que tienen varias empresas frente a las tradicionales. En el caso de los alquileres de habitaciones, se choca con las normativas de alojamiento y la oposición de los vecinos que sufren por inquilinos incívicos. O en el caso de las plataformas que permiten compartir coche, con la oposición del colectivo de los taxistas.

Este estudio indica que si bien la economía colaborativa se adapta a mercados ya existentes, "no todas las industrias tienen el mismo potencial para crear plataformas de consumo colaborativo, ni obtienen en el mismo retorno o beneficio".

La clave para que funcione es que, además de presentar un servicio eficaz para el consumidor final, permita reducir los costes de transacción. De lo contrario, la propuesta morirá al poco tiempo.

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