La juez pide ayuda a la Interpol en el 'caso del Péndulo' del Tibidabo

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JUDICIAL

05 de octubre de 2012 (21:09 CET)

La instrucción del 'caso del Péndulo' está en un callejón sin salida. La magistrada titular del juzgado número 2 de Barcelona, María Eugenia Canal, espera desde hace un año la declaración de un ingeniero de la compañía italiana Far Fabri, encargada del diseño de la atracción. Los problemas de salud del técnico así como la compleja situación económica del país retrasan todo el proceso. Por ello, la magistrada ha solicitado la intervención de la Interpol, según fuentes judiciales.

La juez solicitó a la justicia italiana que tomara declaración a uno de los diseñadores de la atracción. Sin embargo, ésta no ha llegado por los problemas de salud del técnico, con una enfermedad que le ha afectado el habla. Así, el proceso se debía realizar por escrito.

Crisis en Italia

Con la actual situación económica del país y la consiguiente crisis institucional, la justicia italiana no ha contado con los recursos adecuados para localizar al ingeniero y tomarle declaración por escrito. Además, para complicar más la investigación, la empresa Far Fabri se encuentra en concurso de acreedores. Ahora, espera que la policía europea pueda agilizar la investigación.

La investigación del Péndulo busca delimitar las responsabilidades del accidente del 17 de julio de 2010 en el parque del Tibidabo que costó la vida a una adolescente de 15 años. La magistrada ha tomado declaración ya a una veintena de imputados: técnicos de mantenimiento, ingenieros responsables de la construcción e instalación de la atracción o empleados de Copisa que realizaron la cimentación. Por ahora, el Ayuntamiento de Barcelona, titular del parque a través de la empresa Patsa, se mantiene como responsable civil subsidiario.

La caída


Las imputaciones se basan en el informe pericial que señala que la atracción cayó debido a un cúmulo de deficiencias, tanto en su diseño como en su instalación. El mecanismo había sido ideado como una atracción de feria, por tanto móvil. Sin embargo, en el Tibidabo se ancló al suelo. En las revisiones periódicas no se detectaron grietas que se había producido por el desgaste del anclaje y la fatiga mecánica del acero con el que estaba construido.
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