José Luis Bonet, presidente de Freixenet, y Pedro Ferrer, ex consejero delegado. EFE

Ni Freixenet ni Codorníu: las familias del cava no se soportan

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Las grandes compañías del sector del cava viven enfrentadas por una gestión deficitaria, con escuetos beneficios y unas ventas estancadas

Barcelona, 03 de diciembre de 2017 (04:55 CET)

A pesar de facturar cientos de millones de euros, a las grandes empresas del cava les cuenta cuadrar las cuentas. Eso cuando lo consiguen. Freixenet y Codorníu registran beneficios pírricos y viven inmersas en una pugna fratricida entre las diferentes ramas de las familias. El futuro del sector está en juego.

El (pen)último capítulo de los enfrentamientos se vivió en las oficias de Codorníu pocas horas después de tomarse la decisión de cambiar la sede social de Sant Sadurní d’Anoia a La Rioja ante el clima político que se vive en Cataluña. Como explicó Economía Digital esta semana, el vicepresidente y ex director general Jordi Raventós presentó su dimisión en contra de la mudanza.

Con 68 primaveras a la espalda, al directivo sólo le quedaban dos años en el órgano decisorio ya que los sillones deben ser ocupados por menores de 70 años, según los estatutos de Codorníu. Por ello, es función de la Junta de Accionistas escoger un sustituto para el alto cargo de la sociedad.

Alrededor del 20% del capital votó contra la gestión actual de Codorníu

El clima político abrió un nuevo frente a una compañía con ya suficientes tensiones. Con la mayoría del capital controlado por la presidenta, Mar Raventós, un grupo de una treintena de accionistas alzan la voz contra la gestión liderada por Javier Pagés. Por ejemplo: las cuentas del ejercicio 2015/2016 fueron aprobadas con el 20,27% del capital en contra.

El grupo vitivinícola que preside Mar Raventós logró en su último ejercicio disponible, cerrado el 30 de junio de 2016, un beneficio de apenas 68.000 euros. Facturó 235 millones de euros en el último ejercicio, cifra que mejoró muy ligeramente los 233,5 millones ingresados en el 2014-2015.

A falta de dividendos y cansados de pagar el Impuesto sobre el Patrimonio por su participación, un pequeño grupo de los críticos se plantea incluso vender su porción de la cavista. El gran problema, la falta de un comprador interesado.

Las familias de Freixenet, a la greña por la venta

El problema de un interesado no es compartido en Freixenet, la compañía líder del sector. Desde hace más de año y medio, las tres familias que componen el capital viven enfrentadas por la gestión de una compañía que apenas gana 2,3 millones con una facturación de 529 millones de euros mientras el grupo alemán Henkell espera con una oferta, todavía no vinculante, sobre la mesa.

Por ello, los Hevia (29%), los Bonet (29%) y los Ferrer (42%) no responden al unísono ante la propuesta. Mientras los Hevia y parte de los Bonet son partidarios a una venta que daría el control al grupo germano, José Luis Bonet y los Ferrer prefieren mantenerse en el accionariado, aunque sea de forma minoritaria. 

De este modo, Enrique Hevia, el miembro de la familia que lideró las críticas a la gestión de los Ferrer, se hizo con el poder al poco de conocerse el interés de la empresa alemana gracias a una maniobra: convenció a los Bonet de la necesidad de un cambio en la dirección y fue nombrado presidente ejecutivo. 

Al tomar el control, Enrique Hevia se puso un objetivo: hacer Freixenet más rentable para hacer su venta más atractiva

Tomó el control en enero, y no tardó en dejar su sello. El nuevo máximo directivo empezó a controlar cualquier movimiento en la empresa, nombró a su sobrino Diego Jiménez Hevia como director general, y se deshizo de una de las directivas más valoradas por los FerrerSilvia Carné. Todo ello con el objetivo de hacer a la compañía más rentable y revalorizarla de cara a la venta.

Así, la firma catalana espera la resolución final de una venta que debería cerrarse este mismo invierno. Será el fin de las guerras cainitas entre sus propietarios, que aguardan una Navidad tranquila antes de poner la firma al culebrón del sector.

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