Piqué Vidal, 'la toga de oro', entrega el negocio inmobiliario a su hija de 19 años

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El abogado que fue condenado por extorsionar a empresarios en el caso Estivill, se retira de la gestión de la inmobiliaria familiar. Mantiene su cargo en el despacho de abogados aunque ya no ejerce

Estivill y Piqué Vidal (al fondo) en el juicio por extorsión.

02 de abril de 2012 (21:35 CET)

A sus 83 años, Juan Piqué Vidal, conocido como la toga de oro y como el abogado que mantuvo una estrecha relación con el poder político y económico en los años noventa en Catalunya, se retira del negocio inmobiliario familiar y deja sus poderes a su hija Laura Piqué, de apenas 19 años.

El abogado, aquejado de algunos problemas de salud menores, ha optado por dar el relevo a su hija menor en la compañía inmobiliaria de Raset Siete Inmobiliaria, dedicada a la compra y venta de inmuebles. “Mi padre se dedicaba a gestionar la empresa y por eso disponía de poderes, pero ya tiene más de 80 años y no está en condiciones para continuar con el negocio. De todas formas, la accionista única de la empresa soy yo”, explica su hija mayor, Isabel.

El defensor de Pujol

Piqué Vidal se encumbró con la defensa que prestó a Jordi Pujol en el caso de Banca Catalana. Desde ese momento vio crecer el negocio de abogados y su fortuna personal mientras refinaba su capacidad para atraer a importantes empresas y personalidades de la élite económica a su despacho. “Gozaba de cierto prestigio. Era un hombre discreto y desde luego no era visto como un sinvergüenza. Al menos antes de sus negocios turbios con el juez Estivill”, explica un abogado que trataba con Piqué Vidal en aquellos años. "Pero después, comenzó a contactar con empresarios enjuiciados para pedirles dinero a cambio de sentencias favorables", añade.

Precisamente sus relaciones con el juez Luís Pasqual Estivill lo llevaron a la cárcel por extorsión a empresarios. Fue condenado a siete años de prisión, dos de inhabilitación y una multa de 900.000 euros. A los pocos meses de ingresar a la cárcel, el abogado ya gozaba de beneficios penitenciarios y sólo acudía allí a dormir.

Declive profesional

Uno de los empresarios que se negó a pagar 50 millones de las antiguas pesetas por evadir la cárcel lo denunció. “El juez Estivill era el que mordía pero Piqué Vidal era el que soltaba el perro”, dijo a El País el ex presidente de la cementera Asland, José Felipe Bertrán de Caralt.

Tras la condena, Piqué Vidal decidió darse de baja del Colegio de Abogados de Barcelona y dejó de llevar casos en el despacho y se convirtió en un socio no profesional. “Desde ese momento, perdieron clientes y credibilidad”, explica otro abogado conocedor del despacho.

Pero con los años, el bufete ha recuperado el ritmo de trabajo previo a la crisis de imagen. “Tenemos tantos clientes como antes o más, en especial en el ámbito mercantil”, explica Fernando Rodríguez de Miguel, socio del despacho. La empresa también mantiene negocios en Francia, China y Latinoamérica.
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