Oasiz Madrid se acoge al concurso de acreedores y solicita entrar en liquidación
Oasiz tenía el ambicioso reto de convertirse en uno de los centros comerciales y de ocio más importantes de la Comunidad de Madrid
Exterior del centro comercial Oasiz, en Torrejón de Ardoz (Madrid). Compaigne de Phalsbourg
Oasiz, el centro comercial situado en Torrejón de Ardoz (Madrid), ha iniciado el proceso de concurso de acreedores y ha pedido la apertura de la fase de liquidación, según ha adelantado el diario Cinco Días. Carlotta Iberia S.L., la sociedad propietaria del centro, cuenta con unas deudas acumuladas que superan los 320 millones, mientras que el complejo está tasado en torno a 140 millones de euros.
El fondo de inversión británico Cale Street Investment, principal acreedor y accionista con la mayoría de votos, ha decidido mover ficha en el proceso concursal y presentar una oferta para adquirir la unidad productiva del negocio. La propuesta incluye el centro, los locales y los contratos en vigor, y busca recuperar parte del capital invertido ante la falta de una solución alternativa.
Desde junio de 2025, la sociedad se encontraba en situación de preconcurso de acreedores después de que los accionistas rechazaran una reestructuración basada en la conversión de deuda en préstamos participativos, una vía habitual en grandes procesos corporativos.
El fracaso de esa negociación cerró la puerta a una salida pactada con los acreedores y allanó el camino para una solución basada en la venta del negocio en funcionamiento.
Los motivos de la entrada de Oasiz en concurso de acreedores
Oasiz abrió sus puertas en diciembre de 2021 con el ambicioso reto de convertirse en uno de los centros comerciales y de ocio más importantes de la Comunidad de Madrid. Incluso llegó a anunciar que tendrían una playa artificial. Las grandes expectativas pronto se convirtieron en papel mojado debido a una combinación de factores financieros, operativos y de mercado acabó lastrando su viabilidad.

El aumento de los costes de construcción y las dificultades para cerrar acuerdos con marcas comerciales de primer nivel como Inditex o Primark, retrasaron la consolidación del centro desde sus primeros meses de vida. Nunca ha alcanzado los niveles de ocupación ni de visitantes necesarios para convertir en rentable un desarrollo de gran escala.
A estos obstáculos se sumaron las numerosas tensiones en el accionariado. La convivencia entre los principales socios (un family office francés, Alcadasorg, y la promotora inmobiliaria Compagnie de Phalsbourg) se fue complicando con el paso del tiempo, dificultando la toma de decisiones estratégicas en un momento clave para el negocio.
El deterioro del proyecto también tiene una dimensión financiera. La sociedad promotora arrastra una deuda cercana a los 300 millones de euros, una parte relevante de ella en manos del fondo británico Cale Street, respaldada además por garantías hipotecarias. Esta estructura ha reducido el margen de maniobra para pactar soluciones flexibles entre acreedores y ha endurecido cualquier intento de reestructuración. Ahora han solicitado la entrada en concurso de acreedores como solución.
El crecimiento de Parque Corredor, la estocada final de Oasiz
A todo lo anterior hay que sumar la competencia en su área de influencia. Parque Corredor, ubicado a pocos kilómetros, ha mantenido una posición dominante gracias a una elevada ocupación, marcas tractoras consolidadas y un flujo constante de visitantes. Su reciente adquisición por parte de CBRE Investment Management reforzó aún más su estabilidad y atractivo.

Este contraste ha jugado en contra del nuevo desarrollo. En un entorno tan competitivo como el del retail madrileño, buena parte del público ha optado por un destino comercial ya consolidado frente a una propuesta más innovadora, pero todavía inmadura, lo que terminó por agravar las dificultades del proyecto para encontrar su lugar en el mercado.
Con la entrada en concurso de acreedores, Oasiz no cesará su actividad de inmediato, pues el centro puede seguir abierto durante el proceso de liquidación, siempre y cuando se negocie una venta en bloque. No obstante, la situación genera una gran incertidumbre para tiendas, servicios e inversores, empeorando la experiencia del usuario.