Sequía y deuda menguan la distribución energética de Iberdrola en Brasil

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Activos no estratégicos

Torre de alta tensión

desde Madrid, 03 de marzo de 2015 (19:21 CET)

Iberdrola, la multinacional española de energía, ha empezado el año deshaciendo posiciones en Brasil. Y lo ha hecho vendiendo dos distribuidoras eléctricas. Operación que estaba contemplada en el plan de desinversiones, pero que se ha acelerado ante las consecuencias negativas de uno de los veranos más calurosos que se recuerdan en el país sudamericano.

Las altas temperaturas han llevado a muchos embalses al 20% de su capacidad y el Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff se ha visto obligado a llevar a cabo cortes puntuales de agua y electricidad.

Sobrecostes por la sequía

Una situación de limitada generación hidroeléctrica que ha obligado a las distribuidoras a asumir costes extraordinarios con compras puntuales en el mercado alternativo de energía para satisfacer la demanda. Una situación de emergencia que ha sido aprovechada por las empresas de generación para elevar los precios, repercutidos al final en los clientes.

Entre las perjudicadas, Coelba y Cosern, las dos compañías cuyas participaciones Iberdrola ha transmitido en su totalidad a Neoenergia, el holding brasileño en el que el grupo español cuenta con un 39% de su capital, con lo que, a partir de ahora, seguirá manteniendo una participación indirecta en ambas distribuidoras.

Carencia regulatoria

En el fondo, esta situación se deriva de la carencia regulatoria existente tras una decisión tomada por el gobierno brasileño en 2012, cuando extinguió los contratos a largo plazo de las distribuidoras brasileñas. Desde entonces, Aneel, el regulador carioca, no ha logrado cerrar nuevos contratos para cubrir todas las necesidades.

Para paliar los sobrecostes, el pasado mes de diciembre, Aneel aprobaba algunas medidas para minimizar el impacto temporal de estas compras, con la modificación de los acuerdos de concesión que compensen, una vez vencidos los contratos, los activos o pasivos regulatorios existentes, de modo que se pudieran incluir en los resultados bajo las normas contables IFRS, los nuevos estándares internacionales de presentación de cuentas.

Impactos amortiguados y devaluación del real

Así, al cierre del pasado ejercicio, Iberdrola no registró impacto alguno por la sequía y, además, reconoce el saldo pendiente de cobro a diciembre de 2013. Sendos efectos se reflejaron en una impacto positivo de 75 millones de euros en la distribuidora Elektro y de otros 54 millones por el 39% de su participación en Neoenergia. Los que a la postre han servido para cubrir los 41 millones de euros negativos registrados por la fuerte devaluación del real.

La operación se ha hecho con un cambio de 3,26 reales por euro –el publicado por el Banco Central Europeo el pasado 27 de febrero–, de manera que Iberdrola se embolsará casi 192 millones de euros. Aunque no hará efectivo el cobro hasta dentro de tres años, cuando venzan los contratos.

Entonces, la eléctrica española percibirá dicha cantidad y el importe correspondiente a los intereses calculados a un 12,19% anual. De momento, en 2015, Iberdrola estima apuntarse unas plusvalías brutas de casi 70 millones de euros.

Plan de desinversiones

No obstante, lo único que ha hecho la sequía puntual es acelerar la venta prevista de ambas participaciones, ya que, como indican desde Iberdrola, "la operación se enmarca dentro del plan de desinversiones que busca seguir avanzando en mejorar la fortaleza financiera del grupo".

De acuerdo con las perspectivas presentadas hace un año, la eléctrica prevé cerrar en 2016 cuatro años de desinversiones en activos y países no estratégicos por 2.500 millones de euros, de los que hasta el momento se han obtenido más de 2.375 millones, el 95% del objetivo total.

Tras la venta de Coelba y Cosern, Iberdrola deja de prestar servicios a casi 7 millones de clientes y se queda en Brasil con otras dos distribuidoras, Celpe y Elektro, también controladas por Neoenergia. Ambas sumaban a 5,8 millones de clientes a finales de 2014 y una distribución superior a los 30.000 gigavatios-hora (Gwh).

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