El jefe de transformación digital de ABB, Guido Jouret, asegura que la secesión catalana no es entendida en Silicon Valley.

Un gurú tecnológico explica cómo una fábrica sin obreros crea mejor empleo

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Guido Jouret, un tecnólogo del Silicon Valley, explica en España que la sustitución de obreros por robots creará puestos de trabajo de mayor calidad

David Placer

Economía Digital

El jefe de transformación digital de ABB, Guido Jouret, asegura que la secesión catalana no es entendida en Silicon Valley.

Madrid, 06 de octubre de 2017 (14:51 CET)

Guido Jouret se formó y ha trabajado casi toda su vida en el Silicon Valley. Su carrera meteórica lo ha llevado a ser vicepresidente de Cisco, una de las mayores multinacionales tecnológicas del mundo y ahora es el jefe de transformación digital de ABB, otra multinacional que crece sobre la base de –entre muchos otros negocios— la robotización de las fábricas.

Su compañía, ABB, está creando múltiples productos y tecnologías para hacer que las fábricas dependan cada vez menos de la mano de obra intensiva de los obreros. Así, en lugar de enormes líneas de producción de trabajadores ensamblando o empaquetando productos, las nuevas fábricas están comandadas por robots.  

En Cataluña, Europastry, una de los mayores productoras de cruasanes de toda España, y probablemente de  Europa, exporta sus productos de bollería industrial con una enorme planta robotizada que sólo necesita siete trabajadores por turno. Es la nueva realidad de las grandes factorías. Mucha máquina sofisticada y poca mano de obra.

La industria deja de ser uno de los sectores más necesitados de fuerza laboral y los robots pueden hacer las horas que haga faltan sin enfermarse ni estresarse y sin cobrar sueldo a fin de mes y sin tener derecho a vacaciones y prestaciones sociales.  

Jouret, experto en lo que se llama “el internet de las cosas” acaba de exponer en un congreso internacional en Barcelona que lleva el mismo nombre que las tuberías en las refinerías pueden ser vigiladas con drones y que una fábrica de pizzas precocinadas sólo necesita un trabajador que le eche el queso mozzarella. El resto de procesos (amasado, colocación de la salsa, corte, traslado a los hornos y empaquetado) lo realizan máquinas con brazos y ruedas que han sustituido a los obreros.

“Muchas veces se ve a los robots como amenaza a los empleos cuando, en realidad, lo que hacen es impulsar la creación de nuevos puestos de trabajo mucho más cualificados y con mayor calidad y estabilidad. El robot necesita mantenimiento, desarrollo y genera toda una industria alrededor de su funcionamiento”, explica Jouret que habló en Barcelona de la inteligencia artificial en la industria petrolera y energética. 

Las máquinas de cosecha no crearon desempleo en el campo, explica el gurú de ABB que llena de robots las fábricas

Cuando llegaron las primeras máquinas industriales para trabajar el campo, el 90% de la fuerza de trabajo estaba relacionada con la siembra y la cosecha, explica Jouret.

“Y ellas no produjeron una realidad laboral del 90% de desempleo. Las fuentes de trabajo fueron cambiando y comenzaron a surgir necesidades de tecnificación. Lo mismo pasó con las personas cuyo empleo era la transcripción o los ascensoristas dedicados a apretar un botón en los ascensores”, añade.

Países robotizados sin paro

Las explicaciones de Jouret seguramente ni convenzan ni tranquilicen a los trabajadores que hacen trabajos repetitivos en los centros de producción industriales ni mucho menos a los sindicalistas que ven dificultades de recolocación para toda la fuerza de trabajo que se ha dedicado toda su vida a trabajos repetitivos en una fábrica y que no tienen demasiadas opciones para reciclarse.

Comisiones Obreras y UGT han decidido pactar en paz un convenio colectivo por primera vez con los centros comerciales simplemente por el temor que el modelo Amazon (con necesidad de poquísima mano de obra) les genera.

Pero el jefe de digitalización de ABB explica que los países con las fábricas más robotizadas del mundo, Japón, Corea del Sur y Alemania, tienen niveles de paro del 3%, lo que técnicamente significa pleno empleo.

“Allí los robots no han generado un enorme desempleo. Todo lo contrario. Su mano de obra especializada y tecnificada ha protegido a esos países contra los procesos de deslocalización que han sufrido otros países cuyas fábricas buscan mano de obra cada vez más barata”, añade.

Las fábricas sin robots no son una panacea. Implantar toda la tecnología necesaria para prescindir de los humanos es mucho más caro y los ahorros fructifican a mediano y largo plazo. Pero la recompensa --asegura el visionario— es un aspecto del que poco se habla.

Con los robots se pueden cambiar las líneas de producción de inmediato. Casi en tiempo real, algo que con turnos en las grandes fábricas sería completamente imposible. 

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