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Bodegas Riojanas se hunde: sus pérdidas se disparan hasta los 4,5 millones en 2025
La histórica bodega entra en preconcurso de acreedores tras duplicar sus pérdidas, caer sus ventas un 15% y afrontar tensiones de liquidez
Bodegas riojanas
La histórica Bodegas Riojanas atraviesa uno de los momentos más delicados de su trayectoria tras cerrar 2025 con unas pérdidas de 4,5 millones de euros, más del doble que los números rojos registrados el año anterior. La compañía ha comunicado esta situación a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) en un contexto marcado por la caída de ventas, el deterioro de su rentabilidad y una creciente tensión financiera.
El deterioro de sus cuentas refleja una tendencia negativa que se ha acentuado en los últimos meses. En 2024, la firma ya había registrado pérdidas de 2,2 millones de euros, pero el resultado de 2025 confirma un empeoramiento significativo de su situación económica. La caída de ingresos y el aumento de los costes han terminado por lastrar la viabilidad de la compañía en el corto plazo.
Ante este escenario, la empresa ha dado un paso decisivo al presentar ante el Juzgado Mercantil de Logroño una solicitud de preconcurso voluntario de acreedores, una medida que busca ganar tiempo para negociar con bancos y proveedores y tratar de evitar un concurso de acreedores que pondría en riesgo su continuidad.
Caída de ventas y desplome de la rentabilidad de la bodega
El retroceso en las cifras de negocio ha sido uno de los factores clave en el deterioro de la compañía. Las ventas de Bodegas Riojanas se situaron en 13,6 millones de euros en 2025, lo que supone un descenso del 15% respecto al ejercicio anterior. Este retroceso evidencia las dificultades del grupo para mantener su posición en un mercado cada vez más competitivo.
En términos de volumen, la empresa comercializó 3,1 millones de litros de vino, equivalentes a 4,1 millones de botellas. Aunque estas cifras siguen siendo relevantes, el descenso en la demanda y la presión sobre los precios han afectado directamente a los ingresos y a los márgenes de la compañía.
El impacto más significativo se ha producido en el resultado operativo. El Ebitda ha pasado de un resultado positivo de 619.000 euros en 2024 a unas cifras negativas de 1,19 millones de euros en 2025, lo que refleja un deterioro profundo de la rentabilidad y pone en evidencia las dificultades para sostener la actividad con los actuales niveles de ingresos.
Tensión financiera y preconcurso de acreedores
El deterioro de la situación económica ha venido acompañado de una creciente presión sobre la tesorería. La compañía reconoce que en los últimos meses ha enfrentado dificultades para cumplir con sus compromisos financieros, lo que ha derivado en el incumplimiento de su calendario de pagos con entidades financieras y otros acreedores.
Aunque la deuda financiera total se ha reducido ligeramente, situándose en 24,97 millones de euros frente a los 26,36 millones de 2024, la empresa sigue enfrentándose a un nivel de endeudamiento elevado en relación con su capacidad de generar ingresos. Este desequilibrio ha obligado a tomar medidas urgentes para evitar un colapso financiero.
El preconcurso presentado no solo afecta a la sociedad matriz, sino también a otras empresas del grupo, como Bodegas Torreduero y Bodegas Viore. El objetivo es abrir un periodo de negociación con los acreedores que permita diseñar un nuevo plan de reestructuración y garantizar la viabilidad futura del negocio.

Ajustes laborales y caída de la producción
La crisis también ha tenido un impacto directo en la plantilla. La empresa ha acordado con los sindicatos la aplicación de un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) durante cuatro meses, que afecta a cerca de 70 trabajadores. Esta medida responde al descenso de la producción y busca ajustar la estructura de costes a la nueva realidad del negocio.
La reducción de la actividad productiva refleja la caída de la demanda y la necesidad de adaptar la empresa a un entorno más complicado. En este contexto, la dirección considera imprescindible aplicar medidas de ajuste que permitan garantizar la supervivencia de la compañía, aunque supongan sacrificios a corto plazo.
La aplicación del ERTE es solo una de las acciones previstas dentro de un plan más amplio que incluye la optimización de costes y la revisión de gastos generales, con el objetivo de mejorar la eficiencia y recuperar la estabilidad financiera.
Plan de reestructuración y búsqueda de soluciones
De cara al futuro, Bodegas Riojanas ha iniciado conversaciones con sus acreedores para negociar un nuevo plan de reestructuración que permita reconducir la situación. Entre las prioridades de la compañía se encuentra la obtención de financiación adicional que garantice la liquidez necesaria para continuar operando.
Además, la empresa estudia la posibilidad de llevar a cabo una operación de capitalización, con el objetivo de reforzar su balance y reducir la presión de la deuda. Esta medida podría implicar la entrada de nuevos inversores o la reestructuración del capital existente.
Otra de las opciones sobre la mesa es la desinversión en activos, como terrenos o viñedos, que permitan generar recursos y aliviar la carga financiera. Estas decisiones forman parte de una estrategia orientada a asegurar la viabilidad del grupo en un contexto de incertidumbre.
Un futuro incierto para una bodega histórica
Bodegas Riojanas, propietaria de marcas reconocidas como Monte Real o Viña Albina, se enfrenta ahora a un momento decisivo que determinará su futuro. La combinación de pérdidas crecientes, caída de ventas y tensiones financieras ha puesto a la empresa en una situación límite que exige medidas contundentes.
El sector vitivinícola, además, atraviesa una etapa de cambios, con nuevos hábitos de consumo y una mayor competencia internacional, lo que añade presión a las bodegas tradicionales. En este escenario, la capacidad de adaptación será clave para superar la crisis.
El éxito del proceso de reestructuración dependerá de la capacidad de la empresa para alcanzar acuerdos con sus acreedores, mejorar su eficiencia y recuperar la confianza del mercado. Mientras tanto, el preconcurso de acreedores marca un punto de inflexión en la historia de una compañía que busca evitar el colapso y asegurar su continuidad a largo plazo.