Gigantes que se desmoronan antes de nacer: los casos que preceden a Puig y The Estée Lauder
Al repasar la historia empresarial de los últimos años, se evidencia que existen varios precedentes en sectores tan diversos como la automoción, el farmacéutico o el bancario
La fusión de Puig y The Estée Lauder, que hubiera creado el tercer grupo de belleza más importante del mundo con una capitalización bursátil de entorno a 35.000 millones de euros, ha naufragado antes de llegar a buen puerto. Sin embargo, no es la primera vez que el sueño de crear un gigante del sector se desmorona antes de nacer.
Al repasar la historia empresarial de los últimos años, se evidencia que existe una multitud de precedentes en sectores tan diversos como la automoción, el farmacéutico o el bancario.
Los casos que precedieron a Puig y The Estée Lauder
Un claro ejemplo es el de Renault y Fiat. En 2019, Fiat Chrysler Automobile (FCA), que posteriormente pasaría a formar parte del grupo Stellantis tras fusionarse con Peugeot y Citroën, propuso al grupo francés Renault entablar una alianza para crear un grupo automovilístico líder en ingresos, volúmenes, rentabilidad y tecnología, del que ambas firmas controlarían el 50%.
La operación, que hubiera generado un coloso del sector del automóvil valorado en 40.000 millones de dólares, hubiera permitido a Renault aumentar su presencia en Estados Unidos, mientras que FCA podría haberse beneficiado de la electrificación, dado que en ese momento contaba con un mayor retraso en la fabricación de vehículos eléctricos.
El idilio duró tan solo unos días, ya que poco más de una semana después de anunciar que las dos empresas estaban estudiando la posibilidad de fusionarse, FCA retiraó la oferta. El motivo esgrimido fue que no se daban las condiciones políticas en Francia necesarias para que la fusión pudiera fructificar.
Desde el país galo se reclamaron algunas condiciones que no formaban parte de la propuesta inicial con el objetivo de proteger de Francia, como instalar la sede en París. También hizo descarrilar las conversaciones la postura de las firmas japonesas Nissan y Mitsubishi, que mantienen desde hace años una colaboración corporativa con Renault para compartir tecnología y recursos de producción.
El entonces CEO de Nissan Motor, Hiroto Saikawa, rechazó públicamente las oportunidades que presentaba la fusión al considerar que alteraría significativamente la estructura de la compañía francesa.
Astrazeneca y Pfizer
Otra de las fusiones frustradas de las últimas décadas es la de AstraZeneca y Pfizer, la cual acabó retirando su oferta de 69.000 millones de libras esterlinas después de que la compañía sueco-británica se resistiese a la operación al considerar que infravaloraba a la firma del sector farmacéutico.
El entonces presidente de AstraZeneca, Leif Johansson, consideró que no necesitaba ayuda externa para invertir en el desarrollo de nuevos tratamiento y advirtió que la operación «diluiría dramáticamente la propiedad de los accionistas y crearía riesgos».

A las reticencias de la farmacéutica, se sumó la preocupación de algunos políticos británicos por el impacto que podría tener sobre la industria la toma de control por parte de la firma estadounidense.
Con todo, AstraZeneca acabó rechazando la oferta de Pfizer en 2014. «Es inadecuada y habría representado riesgos significativos para los accionistas, al tiempo que tendría graves consecuencias para la empresa, nuestros empleados y la ciencia en el Reino Unido, en Suecia y en Estados Unidos», destacó Johansson.
Deutsche Bank y Commerzbank
De la misma manera que la operación entre Puig y The Estée Lauder, tampoco se acabó materializando la fusión de Deutsche Bank y Commerzbank. La iniciativa, que hubiera permitido fusionar el mayor banco del país germano y su principal competidor doméstico, no cosechó el beneplácito de un grueso considerable de los analistas, que no veían con buenos ojos los elevados costes que hubiera entrañado la operación.
«Después de un análisis exhaustivo, la transacción no hubiera creado beneficios suficientes para compensar los riesgos de ejecución adicionales, costes de reestructuración y exigencias de capital asociadas con una integración de tal escala», destacaron las dos compañías del sector financiero tan solo un mes después de que se hicieran públicas las conversaciones.