Codorníu devuelve su junta de accionistas a Cataluña

El decano del cava trasladó su sede social a La Rioja en 2017, pero dos años después volverá a celebrar su reunión anual de accionistas en Sant Sadurní

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Codorníu fue una de las empresas que en octubre de 2017 sacó su sede social de Cataluña. El decano del sector del cava trasladó su domicilio a Haro (La Rioja), el municipio donde tiene la filial Bodegas Bilbaínas. Desde entonces, celebró consejos y reuniones en la localidad, pero dos años después de la mudanza, el grupo deja la cosmética y volverá a celebrar su junta de accionistas en la Casa Codorníu de Sant Sadurní d’Anoia (Barcelona), su histórico hogar.

Según ha podido saber Economía Digital, la empresa dirigida por Ramón Raventós convocó a sus propietarios –la mayor parte del capital está en manos del fondo de inversión Carlyle— para una junta que se celebrará a finales de la próxima semana en su tradicional ubicación. Por el contrario, el encuentro anterior, en febrero, se organizó en Haro, como había sucedido con todos los oficiados desde el cambio de sede.

En la reunión está previsto que se aprueben las cuentas del ejercicio cerrado el 30 de junio así como la gestión de los nuevos ejecutivos. También está en el orden del día facultar a los accionistas minoritarios a transmitir las acciones que ostentan de manera personal a sus sociedades patrimoniales.

Consultada por este medio, una portavoz de Codorníu explicó que con el traslado de la sede se aprobó en los estatutos un artículo para poder celebrar la junta en un lugar o en otro de forma indistinta siempre que los dueños estuvieran de acuerdo. Será la primera que se haga en Sant Sadurní, “pero en el futuro se celebrarán en un lugar o en otro según la agenda de los accionistas y los ejecutivos de la compañía”, añadió.

Codorníu ya dijo en 2017 que la operativa de la empresa no se tocaría a pesar del cambio de sede

De este modo, el grupo retorna a Sant Sadurní una de las pocas estructuras perdidas con el cambio de sede. El conglomerado tan solo trasladó el domicilio de su matriz, Unideco SA, pero las filiales que sustentan la empresa –como Codorniu SA, que engloba el negocio del cava y los servicios centrales— se quedaron en Cataluña.

Además, la misma compañía ya explicó en el momento del traslado que mantendría la “estructura operativa de producción” en todas sus bodegas y que todos los trabajadores se quedarían en su lugar de trabajo. La decisión, justificaron, se tomó por la “incertidumbre política y jurídica” en la que se encontraba sumida la comunidad autónoma tras el referéndum independentista del 1 de octubre de 2017.

Tras la decisión, el vicepresidente Jordi Raventós Artes presentó inmediatamente su dimisión en desacuerdo con la salida. Entonces consejero, fue el director general de la empresa entre 1992 y 2003 hasta que fue sustituido por Josep Forroll. Solo dos años después del relevo, Javier Pagès, actual presidente de la D.O. Cava, tomó un mandó que no soltó hasta que Carlyle adquirió la cavista en junio de 2018.

El cava, siempre en el alambre político

Del mismo modo que el resto del sector, la firma siempre tuvo miedo del impacto de un boicot de los consumidores españoles desde el sufrido en 2005, cuando el líder de ERC, Josep Lluís Carod-Rovira, hizo campaña contra la candidatura olímpica de Madrid 2012. Desde entonces siempre trató de mantenerse en el alambre para que los compradores del resto del país no le dieran la espalda sin enfadar a los clientes catalanes. «Tras el referéndum había miedo a un boicot en el resto de España, pero la salida abrió la puerta a una campaña contraria en el territorio», explicaron en su momento fuentes del sector.

El impacto se notó. El Consell Regulador del Cava admitió que el boicot de muchos clientes en el último trimestre de 2017, justo después del referéndum del 1-O, hizo que durante 2018 se produjera un excedente de stock sobrante. Por ello –a falta de cifras de ventas–, la producción se desplomó el el 12,1%. “El descenso se debe a los efectos del boicot, con una caída de las ventas en Navidad que propiciaron un exceso de stock que obligó a reducir las botellas pues al mercado durante 2018”, explicó el propio Javier Pagés.

A nivel particular, fuentes internas señalan que la pasada campaña navideña fue «negativa» para Codorníu. La atonía provocó que la cavista presentara un expediente de regulación de empleo (ERE) para 79 trabajadores. Ahora, el grupo logró revertir la tendencia y en sus entrañas se vislumbra con optimismo la actual temporada que, confían, será «mucho mejor que la anterior».

 

Carles Huguet

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