Ofertas millonarias por un club que es una ruina: el Estudiantes acumula pérdidas de 19 millones
Los propios directivos del club reconocen haber estado al borde de la ruina y de haber llegado al punto de ser insostenibles económicamente
Jaime Siles y Diego Megía, los dos interesados en hacerse con el Estudiantes
El club deportivo Estudiantes cierra dos décadas «grises y agotadoras» con la compra por parte del inversor español Diego Megía, fundador de Taula Capital y cofundador de CRIS contra el Cáncer. Los accionistas del club han recibido dos ofertas millonarias en apenas dos semanas, a pesar de que los números rojos han marcado los resultados financieros de los últimos años.
Según las últimas cuentas anuales disponibles, cerradas en 2024, el ‘Estu’ acumula oficialmente unas pérdidas de 19 millones de euros: 17,14 acumulados de ejercicios anteriores y otros 1,95 millones del último año. A esto habría que añadir las pérdidas presumibles del último curso, cifra todavía no disponible.
El agujero económico ha ido agrandándose año tras año. Solo en el último ejercicio, el club cerró con un aumento del 44,5% de las pérdidas, en comparación con las del curso 2022-2023, que se situaron en 1,35 millones.
El patrimonio neto contable se situó en el último año en un negativo de 9,1 millones. El club Estudiantes argumenta que se debe precisamente a las pérdidas acumuladas en ejercicios anteriores y a retrasos de los ingresos previstos en el plan de viabilidad.
Estos retrasos han afectado de forma muy significativa a la tesorería de la sociedad y al fondo de maniobra, que al cierre del ejercicio es negativo en 1.640.897,11 euros.
Estudiantes, décadas al borde de la ruina
El Estudiantes ha sobrevivido hasta ahora gracias a los préstamos participativos. El club computa 11.953.957,58 euros bajo esta modalidad, concedidos mayoritariamente por entidades vinculadas como la Fundación Estudiantes y el Club Estudiantes de Baloncesto.
Además, a pesar del descenso de categoría, el apoyo social resiste, lo que ha dado un poco de aliento al club. Los ingresos por abonados y socios crecieron de 181.359 euros a 308.110,41, y el taquillaje aumentó un 45% hasta los 269.100,23 €
La situación ha sido tan crítica en la última década, que los propios directivos del club reconocen haber estado al borde de la ruina y de haber llegado al punto de ser insostenibles económicamente.
«Tenía miedo de ser el último presidente del equipo, el que tuviera que cerrar el club. Ese miedo ahora es un fantasma, pero no ha estado lejos«, aseguraba el hasta ahora presidente del club deportivo, Ignacio Triana, durante la reunión de accionistas y aficionados celebrada tras firmarse el acuerdo de venta.
En el último informe financiero aseguraron que los datos del informe financiero del grupo «podrían suponer una incertidumbre en la capacidad
de la Sociedad para continuar con sus operaciones».
A pesar de todo, la marca fue valorada por un experto independiente en casi 10 millones de euros (9.151.616,59 euros), en base al valor actualizado de la cesión por 31 años.
Dos ofertas millonarias
Cuando ya no se veía solución clara para salvar al histórico del Ramiro de Maeztu, aparecieron, como si de un milagro se tratara, dos ofertas millonarias.
La que finalmente salió adelante fue la del inversor español Diego Megía, que valoró el club en unos 6,6 millones de euros por el 100% de las acciones -a razón de 9 euros por título, lo que supone 1,5 veces la valoración actual- y se comprometió a inyectar otros 15 millones mediante una ampliación de capital para reflotar el proyecto deportivo y financiero. En total, una operación cercana a los 21,6 millones de euros.
A ello se suma un préstamo de un millón de euros, ya ingresado en las arcas del Estudiantes, destinado a aumentar el presupuesto del primer equipo masculino y a reforzar también el filial.
No fue la única propuesta. Jaime Siles, consejero de Naturgy, directivo del fondo IFM y fiel seguidor del club desde su infancia, y el empresario Dimas de Andrés presentaron una oferta alternativa que, según sus propios impulsores, era económicamente superior.
Esta planteaba un precio mayor por acción —en torno a 9,3 euros— y una inyección global que podía superar los 30 millones de euros, incluyendo importantes compromisos de patrocinio.
La existencia de estas dos propuestas desató tensiones internas y acusaciones de falta de transparencia en el proceso de venta, con el grupo rival denunciando que su oferta no fue correctamente trasladada ni evaluada por el consejo.
Pese a la polémica, el club optó por la vía de Megía, priorizando la inyección inmediata de capital y su proyecto a largo plazo. Una decisión que refleja la paradoja del Estudiantes: un club con un agujero económico millonario, pero capaz aún de atraer el interés de inversores.