Freixenet pasa a ser propiedad total de la alemana Henkell en un giro decisivo para la viticultura española
La familia Ferrer culmina la desinversión iniciada en 2018 y deja en manos del grupo alemán Henkell el control total de Freixenet, uno de los grandes referentes internacionales del cava español
La familia Ferrer culmina la desinversión iniciada en 2018 y deja en manos del grupo alemán Henkell el control total de Freixenet, uno de los grandes referentes internacionales del cava español
La emblemática firma de cava Freixenet, símbolo de la tradición vinícola catalana y uno de los referentes mundiales del cava espumoso, ha cerrado un capítulo histórico tras más de un siglo de trayectoria. La familia fundadora, a través de sus distintas ramas accionarias, ha vendido al grupo alemán Henkell la totalidad de las acciones que aún poseía en la empresa, lo que convierte a la multinacional germana en el propietario único de la bodega catalana.
Esta operación cierra un proceso iniciado en 2018, cuando Henkell entró por primera vez en el capital de Freixenet al adquirir algo más del 50 % de las acciones. Durante casi ocho años, ambas partes compartieron la gestión de la compañía bajo una copropiedad paritaria, con mandos combinados y un proyecto de expansión global. Ahora, con la compra del 50 % restante que controlaban la familia Ferrer, descendientes de los fundadores, y el presidente de honor de la firma, José Luis Bonet, Henkell Freixenet pasa a controlar el 100 % del grupo.
Fin de una era centenaria
La operación, cuyo importe no ha sido divulgado oficialmente por las partes, representa el fin de una etapa empresarial con profundas raíces en la historia económica y cultural de España. Freixenet, fundada en 1914 por Pedro Ferrer Bosch y Dolors Sala Vivé, se convirtió con el paso de los años en sinónimo de cava y en una de las marcas más reconocidas internacionalmente.
Hasta ahora, la familia Ferrer, junto con Bonet, había mantenido una participación significativa en el capital, gestionando directamente la evolución de la empresa que, desde Sant Sadurní d’Anoia (Alt Penedès), había conquistado mercados en Europa, América y Asia. La historia de la empresa está marcada por un crecimiento constante durante gran parte del siglo XX, liderado especialmente por Josep Ferrer Sala, quien impulsó la internacionalización de la marca y su posicionamiento en mercados clave.
La operación y el futuro estratégico
El director ejecutivo de Henkell Freixenet, Andreas Brokemper, ha resaltado en sus últimas declaraciones públicas que la adquisición del 100 % de Freixenet no sólo es un paso natural dentro de la relación de años entre ambas entidades, sino una oportunidad para consolidar el liderazgo de la marca a escala global. Brokemper señalaba que “la confianza depositada por las familias fundadoras ha sido clave para llevar la marca a nuevos mercados y mantener sus valores tradicionales, pero ahora nos corresponde a nosotros asumir la responsabilidad total de su desarrollo futuro”.
Desde Henkell, que forma parte de la división de vinos de la industria alimentaria alemana Geschwister Oetker, se proyecta una estrategia de expansión en mercados de alto crecimiento como Asia y América Latina, apoyándose en la sólida reputación de Freixenet como marca premium de cava. El grupo germano ha destacado que seguirá preservando el carácter distintivo de la bodega catalana, incluso bajo nuevo control total.

Perspectivas de futuro
La propia familia Ferrer ha calificado la venta como un “momento emotivo”, subrayando la difícil decisión de desprenderse de una empresa construida durante generaciones. En un comunicado conjunto, los miembros de la familia y José Luis Bonet afirmaron que, pese a la venta de sus acciones, continuarán vinculados a la industria vinícola a través de inversiones en otras bodegas y proyectos vitivinícolas, especialmente a través de su empresa Ferrer Wines, que agrupa diversas marcas y viñedos con proyección internacional.
Pedro Ferrer, quien hasta ahora era co-consejero delegado de Freixenet, pasará a ejercer como presidente de honor junto con Bonet, reforzando la presencia histórica de la familia en la empresa aunque ya sin control accionarial. Esta figura ceremonial busca garantizar una continuidad simbólica con la tradición de la firma, al tiempo que se facilita la transición hacia el nuevo modelo de gestión bajo el paraguas de Henkell.
La venta de las acciones de Freixenet se interpreta también como un síntoma de la consolidación de los grandes grupos internacionales en nichos históricamente dominados por empresas familiares.
Implicaciones económicas y laborales
Aunque los detalles financieros de la transacción no se han hecho públicos, analistas del sector apuntan a que la operación podría haber estado vinculada a objetivos de consolidación de mercado y eficiencia operativa en un contexto global donde marcas vinícolas buscan economías de escala y presencia multinacional.
Con esta operación, Freixenet entra oficialmente en una nueva etapa de su historia, marcada por un control accionarial extranjero pero con el desafío de mantener su identidad como emblema del cava español en un mercado global en constante transformación.