El Gobierno bendice la fusión de MásMóvil con Orange o Vodafone pese a las subidas de precios

Los operadores de telefonía encaran el proceso de consolidación con el argumento de invertir más, pero nadie habla sobre los usuarios

El sector de las telecomunicaciones encara su fase decisiva para la consolidación; es decir, reducir el número de operadores de telefonía. Sobre esta cuestión se ha pronunciado la ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, en el transcurso del Mobile World Congress de Barcelona. La también vicepresidenta ha señalado que sería bueno conseguir unas compañías económicamente fuertes para afrontar los retos inversores del futuro. Pero esto tiene una contrapartida: con menos empresas compitiendo, los precios tirarían al alza.

Esta realidad, por el momento, es la que esconden todas las partes. Actualmente en España hay casi media docena de compañías que operan a nivel nacional: Telefónica, Orange, Vodafone, MásMóvil, Digi, Finetwork, Avatel… debido a la alta competencia existente, la apuesta ha sido abrir una guerra comercial que se ha saldado con algo positivo para los usuarios; y un problema para las compañías.

Los consumidores se han beneficiado de ofertas y contraofertas que ha provocado unas facturas más bajas -sobre todo en el segmento ‘low cost’, puesto que las gamas altas que incluyen fútbol y TV siguen subiendo-. Sin embargo, por otro lado, los operadores de telefonía han acusado una reducción de ingresos, precisamente por esas continuas promociones para ganar clientes. Así, bajo esta perspectiva, el sector en su conjunto ha manifestado que todos están abiertos a hablar con todos. Principalmente hay dos opciones sobre la mesa: una unión entre Vodafone y MásMóvil, que ya en su momento se cayó por discrepancias sobre quién asumía el papel preponderante. La otra opción que también ha sido tratada en la prensa es la fusión entre MásMóvil y Orange. Una operación que generaría muchas sinergias debido a los acuerdos mayoristas que ya tienen entre ambas compañías.

En todo caso, sea cual sea el movimiento, la realidad es que en los próximos meses habrá menos competencia. Incluso, según explican a Economía Digital en fuentes del sector, puede que tras la ‘gran fusión’ venga otra absorción por parte de un grande y algunos de esos 5º-6º operador por volumen de facturación. Esto provocaría que se pasaría de una competencia extrema a una industria con apenas tres compañías de tamaño considerable.

El Gobierno, encantado: ¿y los reguladores?

De este MWC sale una idea clara: el Gobierno está encantado de que haya una consolidación en el sector de las telecomunicaciones. La ministra Calviño, sin alardes, pero rotunda, ha dicho que entiende lógico este proceso. El discurso oficial tiene que ver con la capacidad inversora. En esta línea, fuentes del sector aseguran a este medio que, efectivamente, el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha trasladado a las principales compañías de teléfono que ven con buenos ojos que haya fusiones entre empresas y se reduzca en parte la competencia.

De lo que no se habla, ni Gobierno ni compañías, es de la potencial subida de precios que tendría una reducción de empresas compitiendo en el sector telecos. Precisamente MásMóvil desde hace unos años ha sido el animador del mercado. Debido a su política de precios ha provocado una reacción entre las demás compañías. El problema es que si desaparece de la ecuación, y también lo hace otro ‘outsider’, se volvería a un escenario inflacionista como el que había antes de la llegada de los operadores móviles virtuales (OMV) en 2006.

No obstante, pese a la alegría del Gobierno en pronunciarse sobre potenciales fusiones, en público y privado, la realidad de este proceso de consolidación pasa por la Comisión Europea. Debido al importante volumen de negocio que generaría la compañía resultante, más de 5.000 M€, será Bruselas quien decida. Dicha decisión, además de lenta, podría ser muy exigente a la hora de dar el visto bueno.

El motivo sería, precisamente, esa concentración de mercado. Y es que un movimiento de MásMóvil, bien sea con Orange o con Vodafone, crearía un operador con el 50% del mercado móvil, y cerca del 40% del fijo. Algo inasumible. Por lo tanto, pese a la bendición que puede dar el Gobierno española a las operaciones de consolidación, la realidad viene marcada desde Bruselas. Aunque lógicamente el mensaje que se debe trasladar es el de un país con capacidad inversora. Lo único malo en esa ecuación es que dicha inversión la paguen los usuarios por culpa de una guerra comercial de la que, únicamente, han sido partícipes.