La salida deseada de Julián Álvarez del Atlético de Madrid pone a prueba a Apollo como propietario
La crisis entre el delantero argentino y el Atlético salta fuera del campo de juego, y supone el primer gran frente del fondo estadounidense desde que se hizo con el 55% del club
Julián Álvarez celebra un gol del Atlético de Madrid. Florencia Tan Jun – UEFA/UEFA via Getty Images
El deseo de Julián Álvarez de salir del Atlético de Madrid pone a prueba por primera vez a Apollo como propietario del club. El delantero argentino afirmó que lo mejor para todos «es una transferencia«, algo que ha dinamitado la relación con la directiva del club rojiblanco y ha puesto al fondo americano y a la dirección del equipo en una tesitura complicada: ceder a las peticiones del jugador o mantenerse firme para no debilitar la plantilla.
Aunque asegure que su interés es a largo plazo y reniegue de participar en la gestión del equipo, a Apollo le interesa que el Atlético esté entre los mejores equipos del mundo; y ha de trabajar para ello en un momento especialmente delicado.
El pulso del club con el punta argentino se ha convertido en una prueba de autoridad para los nuevos accionistas, que se hicieron con más de la mitad del club en noviembre del año pasado por 2.500 millones de euros.
Su entrada fue interpretada como una operación destinada a reforzar la capacidad financiera del club y acelerar algunos de sus grandes proyectos estratégicos, como la Ciudad del Deporte, con una inversión cercana a los 500 millones de euros.
Con unos activos bajo gestión próximos a los 938.000 millones de euros, el fondo estadounidense ha apostado fuerte por el Atlético de Madrid. La compañía ha destinado 5.100 millones de euros a iniciativas vinculadas al desarrollo deportivo, como la compra del club Crystal Palace de la Premier League, actual campeón de la Conference League, a través de su vehículo Apollo Sports Capital.
Desde Apollo explican a este medio que el gran interés de la inversión es precisamente el proyecto de la Ciudad Deportiva, y que el fútbol es, en el fondo, un extra. «Apollo controla la sociedad, pero el club pertenece a sus socios, representados por el equipo gestor», explican.
Para el fondo, la compra del Atlético de Madrid se trata de un proyecto de inversión con «horizontes a largo plazo», y argumentan que la gestión del equipo recae únicamente en los directivos del club.
El contexto deportivo añade presión. Julián Álvarez fue fichado para liderar el proyecto del Atlético. Su salida obligaría a buscar un sustituto de primer nivel. Por eso, la decisión que adopte el Atlético durante las próximas semanas será observada con atención mucho más allá del Metropolitano; será el primer gran precedente de la nueva etapa accionarial del club.

Julián Álvarez junto a Pedri en un partido de Champions League. Foto: Europa Press.
El pulso con Julián Álvarez no es el único frente abierto para Apollo. El fondo atraviesa un periodo de presión por parte de algunos inversores, después de que su vehículo estrella de crédito privado registrara peticiones de reembolso equivalentes al 17% de su patrimonio durante el último trimestre
El Atlético baraja demandar al FC Barcelona
Este mismo lunes, tras la victoria de Argentina frente a Austria, Julián Álvarez dinamitó el mercado de fichajes y confirmó que ya había trasladado al Atlético su deseo de marcharse, dando por sentado que «lo mejor para todos es una transferencia» porque quiere «cumplir su sueño».
Las declaraciones no han sentado bien en el Atlético de Madrid, que ya había rechazado ofertas millonarias de otros clubes, como la de 150 millones del Real Madrid o la de 100 millones a seis años del FC Barcelona.
Fuentes cercanas al club explican a Economía Digital que la cláusula de rescisión de 490 millones de euros hacen imposible la venta. Pero la posición del Atlético de Madrid esconde también otros argumentos: ni Barcelona ni Real Madrid va a hacerse con su ficha, por muy atractiva que sea la oferta.
En este sentido, los dirigentes rojiblancos estudian la posibilidad de denunciar al club catalán ante la UEFA por supuestos contactos con un jugador que tiene contrato en vigor hasta 2030.
El antecedente más próximo lo encontramos en el año 2019 cuando la estrella del club rojiblanco, Antoine Griezmann, finalista al Balón de Oro esa temporada, fue fichado por el FC Barcelona tras el pago de la cláusula de rescisión de 120 millones de euros.
El club catalán cerró con el punta francés el fichaje en marzo de aquel año, cuando la cláusula ascendía a 200 millones. Al conocer esta situación, Miguel Ángel Gil Marín, CEO del Atlético, amenazó con denunciar al FC Barcelona por negociar con un jugador con contrato. Esta circunstancia provocó que el presidente del conjunto blaugrana pagase 15 millones extra para evitar una denuncia ante la UEFA.
Desde el Metropolitano entienden que el Barça habría mantenido conversaciones con el entorno de Álvarez sin autorización previa, una acusación que, de demostrarse, tendría implicaciones reglamentarias.
El Atleti solo se abre a la posibilidad de negociar con equipos extranjeros que sean capaces de ofrecer 150 millones de euros por el jugador. Solo el Paris Saint-Germain y el Arsenal parecen cumplir estas expectativas.