Meliá fía a Canarias el negocio de final de 2020 en España

La cadena hotelera volvió a reflejar el impacto de la pandemia del coronavirus en sus cuentas del tercer trimestre

La crisis del coronavirus en las hoteleras empuja a las grandes compañías a refugiarse en territorios con pocas restricciones a la movilidad y con una demanda turística lo suficientemente importante como para retomar la actividad. Esa búsqueda de espacios seguros lleva a Meliá Hotels International a señalar a las Islas Canarias para esta recta final de año, donde el estado de alarma ha sido muy limitado y ha dejado fuera medidas como el toque de queda. Una situación en la que ha influido el arranque de su temporada alta y la baja incidencia del virus.

La compañía dirigida por Gabriel Escarrer confesó ayer, jueves, ante la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) que confía en Canarias como enclave nacional en el que recaerá “todo el foco vacacional del último trimestre”, según sus propias palabras. El plan de la cotizada española pasa ahora por seguir de cerca la evolución de los principales mercados emisores en las islas, como son Reino Unido (el segundo) y Alemania (el primero). Se está trabajando con ambos para establecer un corredor seguro, lo cual daría un buen “pulmón” al destino.

Hasta ahora, de acuerdo a los resultados del tercer trimestre, Canarias ha visto activado al cliente nacional de última hora, siendo una de las zonas con mejor ocupación. Un fenómeno que ha sido el contrapeso a la falta de cliente internacional que se produjo por el retraso de la apertura de España hasta casi final del mes de julio y se terminó agravando por  las cuarentenas declaradas a partir del 25 de julio – principalmente en Reino Unido–.

Pocas esperanzas en el sector urbano

Canarias, enclave en el que Meliá cuenta con aproximadamente 23 hoteles (cerca del 16% de toda su cartera nacional), llevará todo el peso del negocio en España por las pocas esperanzas en los hoteles urbanos, en los que “las políticas restrictivas relacionadas con un posible confinamiento nos obligan a ser prudentes en la estimación hasta final de año”, afirma Meliá.

Ya durante el periodo de julio-septiembre, los destinos urbanos mostraron comportamientos dispares, según la hotelera. Las ciudades secundarias tuvieron un buen comportamiento, pero las ciudades principales, como Madrid y Barcelona, obtuvieron resultados más discretos por la ausencia, en septiembre, del segmento MICE (Meetings, Incentives, Conventions and Events), en el que se engloban las actividades por la asistencia a reuniones de negocio, congresos o cualquier evento organizado con motivos profesionales

Entrada del hotel Gran Meliá Colón en Sevilla. Foto: EFE/José Manuel Vidal

La importancia de las islas no escapa a nadie. No extraña, por tanto, que el propio Consejo de Ministros extraordinario del Gobierno limitara a el nuevo estado de alarma en el país, el tercero en democracia, en Canarias. La importancia de la zona, en la que además la incidencia del virus es muy baja, obligó al Ejecutivo a dejarla fuera del toque de queda que sí se extendió al resto de territorios.

El toque de queda indicaba que el resto de España debía permanecer en casa desde las 23.00 horas hasta las seis de la madrugada. La restricción podía ser modificada por las autonomías, pero únicamente en la horquilla horaria (adelantando a las 22.00 horas y retrasándolo hasta 00.00h de la noche).

Meliá pierde 470 millones hasta septiembre

En términos generales, Meliá acusó la crisis del coronavirus hasta septiembre. La hotelera se anotó pérdidas por valor de 469,6 millones de euros entre enero y septiembre evidenciando que las restricciones a la movilidad, combinadas con imposiciones de cuarentenas y vetos desde países extranjeros, tienen consecuencias negativas sobre la industria turística.

Otra prueba la severa caída en la cifra de negocio, que fue un -69% inferior respecto a los nueve primeros meses de 2019. Facturó 430 millones de euros, una cifra muy lejana si se compara con los 1.388 millones de euros registrados durante el mismo periodo del año anterior.

La cotizada española, siguiendo su política de break open  — el indicador que determina cuándo es mejor mantener el hotel abierto que cerrado —,  alcanzó una tasa de apertura del 51,5% durante el tercer trimestre. La cifra, indican, reflejó una reapertura parcial de los hoteles durante la temporada de verano, así como la leve recuperación del negocio hotelero.