Los psicólogos empresariales

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Abandonaron sus puestos de consultores y formadores para crear una empresa de coaching en pleno auge de la práctica. Con el tiempo se han hecho con su propio sello: se inmiscuyen en las reuniones diarias de sus clientes y se convierten en su sombra para conocer sus fortalezas y debilidades

Javier Ursúa, Olga Villacañas y Mauro Delgado, socios de Coaching Vitae.

22 de mayo de 2012 (14:16 CET)

Nadie mejor para valorar a un coach que otro coach. En pleno auge de la actividad dirigida a mejorar las habilidades sociales y directivas de los altos ejecutivos, hace dos años, tres coach que preparaban las pruebas para las certificaciones en la International Coach Federation entre decenas de aspirantes, decidieron unirse y montar un proyecto empresarial.

Después de haberse piscoanalizado entre ellos, Olga Villacañas, Javier Ursúa y Mauro Delgado decidieron abandonar sus trabajos y montar la empresa que hoy los une. Comenzaron con las llamadas “sesiones degustación” en las que hacen demostraciones de sesiones de trabajo con directivos de diferentes empresas.

“Son actividades en las que nos enfocamos a la acción, a cambiar la manera de pensar. Es una disciplina donde cuentan mucho las relaciones y está dirigida a mejorar el rendimiento del profesional o a superar un bloqueo”, explica Olga Villacañas, socia de la empresa.

Las ocho sesiones

A raíz de las sesiones colectivas, la empresa ha conseguido clientes de primera magnitud en el consumo masivo, distribución y tecnología, entre muchos otros ámbitos. La receptividad del cliente suele variar si el directivo o el cargo medio acude por voluntad propia y si es la empresa quien le sugiere hacer las sesiones. “A veces asumen que es un castigo o que la empresa tiene algo en contra de ellos, cuando lo que sucede es todo lo contrario: la empresa hace una inversión, una apuesta por mejorar las capacidades de sus gerentes”, opina Javier Ursúa.

La especie de tratamiento –que el el mercado se suelen cotizar entre 300 y 600 euros por sesión-- suelen durar unas ocho jornadas. Las primeras se celebran con una frecuencia semanal y al final se van pautando cada 15 días. El perfil suele ser un directivo de una multinacional, aunque cada vez más empresas pequeñas y medianas se interesan por estas terapias gerenciales.

El castigo del ascenso

El perfil de profesionales que atienden es muy variado, pero ya han podido observar una debilidad común en muchos directivos españoles: la falta de la cultura del emprendimiento y del éxito, que tampoco abunda en las universidades.

Sobre la base de extensos trabajos elaborados por investigadores como Robert Dilts, Otto Sharmer o Anita Woolley y desarrollados en universidades estadounidenses, el equipo elabora un plan de trabajo adaptado a la realidad local que los ha hecho descubrir fallos similares en muchas empresas españolas.

“Muchas veces se suele compensar el buen desempeño de un profesional ascendiéndolo y terminan siendo víctimas del principio de Peter, que dice que todo profesional tiene la capacidad de ascender hasta que alcanza su nivel de incompetencia. Esto no debería ser así ya que el profesional debería crecer con un proceso de coaching”, remata Usúa.
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