Las claves de seguridad en hoteles según un exagente del FBI
Guardia de seguridad con una radio. Foto: Freepik
Un exagente del FBI, especialista en explosivos y con experiencia en misiones en Afganistán e Irak, se ha convertido en referencia viral al compartir un conjunto de consejos de seguridad para quienes se alojan en hoteles, especialmente si viajan solos.
La seguridad no empieza cuando se cierra la puerta de la habitación, sino mucho antes, desde que se llega al aparcamiento o se cruza la entrada del establecimiento.
Este exagente –identificado en distintos medios como Steve Lazarus— advierte de que los hoteles son entornos especialmente atractivos para determinados delincuentes o depredadores, en particular cuando se trata de mujeres que viajan solas o de huéspedes que parecen distraídos o confiados.
A partir de ahí, detalla un protocolo de pequeños gestos que, en conjunto, pueden reducir de manera significativa la vulnerabilidad del viajero, desde la forma de aparcamiento hasta el uso de alarmas de cuña en la puerta.
Uno de los primeros mensajes de Lazarus es que el viaje seguro empieza antes de llegar a la habitación. Recomienda aparcar siempre en la parte delantera del hotel, en zonas bien iluminadas y con buena cobertura de cámaras de seguridad, evitando las áreas traseras o laterales del edificio.
La razón, los aparcamientos poco visibles facilitan los robos, los acosos o las emboscadas, mientras que en la fachada principal hay más movimiento, personal y cámaras.
El exagente sugiere utilizar siempre la entrada principal para entrar y salir del establecimiento, en lugar de accesos secundarios, escaleras o puertas laterales, que suelen estar menos vigiladas y con menos tránsito.
Estos hábitos coinciden con recomendaciones de otros expertos en seguridad hotelera, que recuerdan que muchos incidentes se producen precisamente en zonas de paso poco transitadas, como aparcamientos subterráneos o escaleras de servicio.
Una vez en la recepción, Lazarus centra la atención en un detalle que muchos pasan por alto: el número de habitación. Aconseja tratarlo como un dato confidencial, comparable a un PIN de cajero automático.
Aunque el personal evita decirlo en voz alta, el número suele ir impreso en el sobre de la tarjeta, lo que exige discreción al manipularlo para evitar que otras personas lo vean.
En países como España, donde los hoteles están obligados a registrar los datos de los huéspedes y remitirlos a las autoridades para reforzar la seguridad frente al crimen organizado y el terrorismo, la información personal que rodea a una reserva es cada vez más sensible y valiosa.El ascensor es otro punto de atención.
El exagente recomienda no pulsar el botón de la planta hasta que las puertas se hayan cerrado y dejar que otros pasajeros seleccionen primero su destino.
También sugiere situarse cerca del panel de control y memorizar la ubicación del botón de alarma. Si surge una sospecha clara –por ejemplo, la sensación de que alguien ha seguido al huésped–, Lazarus aconseja no bajar en la planta prevista y regresar directamente al vestíbulo.
Estos consejos coinciden con los de otros exagentes y especialistas que desaconsejan alojarse en la planta baja —más expuesta a intrusos— o en la última planta, donde las vías de escape en caso de emergencia son más limitadas.