Un hombre de seguridad con una máscara protectora en la zona comercial vacía de Sanlitun, en Beijing, China. Foto: Efe

El coronavirus visto como el golpe definitivo a la globalización

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Esta semana, la revista INVERSIÓN destaca que no hay país que pueda pasar indemne ante una ralentización de China por el coronavirus

Economía Digital

Un hombre de seguridad con una máscara protectora en la zona comercial vacía de Sanlitun, en Beijing, China. Foto: Efe

Barcelona, 09 de febrero de 2020 (04:55 CET)

Calles vacías, personas encerradas en sus hogares, controles de bioseguridad en las calles, alimentos que empiezan a escasear, incertidumbre…Parece un paisaje distópico que se ha convertido en realidad en Wuhan, la sexta ciudad más grande de China, capital mundial del coronavirus, escribe John Müller en la revista INVERSIÓN esta semana.

Cuarenta millones de personas están confinadas aquí y 12 ciudades de los alrededores, pero desde que el jueves 30 de enero la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara la emergencia internacional, en realidad todo el planeta está bajo sospecha.

La pregunta que los analistas se hacen es ¿cuál será el impacto económico de esta enfermedad? Pero, la cuestión de fondo es ¿cuánto nos va a cambiar política y socialmente este acontecimiento?

El meollo del asunto no es si Wuhan cuadra con la descripción futurista que Orwell y Huxley hicieron en 1984 o en Un mundo feliz, sino si de aquí van a salir lecciones como las que Camus vertió en La peste, su novela sobre una plaga en Orán donde, pese a que la peste saca lo peor de los hombres, descubre que en la Humanidad hay «más cosas dignas de admiración que de desprecio».

Interconectados

Müller subraya en las páginas de INVERSIÓN que el impacto del coronavirus será mayor que el que tuvo en el 2003 el síndrome respiratorio agudo severo (SARS, en inglés) porque China, que entonces representaba el 4% del producto interior bruto (PIB) global, hoy supone el 17%.

Pero, además, cuando se produjo ese brote epidémico que contagió a 8.000 personas y mató a casi a 800, China apenas llevaba 13 meses integrada en la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Como ya se comprobó durante la guerra arancelaria entre los EE.UU. y China, la economía asiática se ha infiltrado en las cadenas de valor globales y no hay casi ningún país que pueda pasar indemne ante una ralentización de la economía china.

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