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Baldaio se muere, y hay un informe que lo justifica
Un informe de la Universidade de Santiago advertía de que, con menos aportes de agua y las altas temperaturas del verano, la laguna de Baldaio acabaría en un estado malo para muchas especies; avisaba de esto exacto y, aun así, sirvió de excusa para no mover un dedo
Archivo – Playa de Baldaio – Concello de A Coruña
Este verano Baldaio huele mal. Agua parada y verdosa, peces flotando, mariscos abiertos en el fango. En cuanto cae la tarde salen los mosquitos en nubes. Las familias que llevaban de siempre a los niños a bañarse ahí han dejado de ir. Yo soy de los que ha ido toda la vida: de niño, de joven y ahora de adulto. Baldaio es el sitio de quienes somos de Carballo, y verlo así duele.
No es un capricho del paisaje. Es la marisma de Carballo, punto de descanso e invernada para más de doscientas especies de aves en el noroeste ibérico. Es ZEPA, zona de especial protección para las aves. Es LIC, de importancia comunitaria. Sobre el papel, uno de los humedales más importantes de Galicia. En la realidad, una balsa estancada.
Lo que ha pasado es fácil de contar. El canal que comunica la laguna con el mar se cerró por la arena, como se cierra cada poco desde hace años. Sin ese intercambio, el agua deja de renovarse y se pudre. Y encima la depuradora de Rebordelos sigue vertiendo a la marisma agua tratada pero cargada de nitrógeno, que le roba oxígeno y acelera la putrefacción. Ese es el verde que se ve desde el puente. No es alga bonita. Es una laguna asfixiándose.
Lo difícil de contar es por qué nadie lo arregla.
Porque no es que la Administración no sepa lo que pasa. Es que tiene un informe para justificar no hacer nada. Cinco páginas y media encargadas a la Universidade de Santiago que concluyen que abrir el canal de forma periódica “no resulta necesaria” para la gestión del espacio e incluso podría ser perjudicial. Con ese texto en la mano, Medio Ambiente eligió cruzarse de brazos. Lo llamativo es que el propio informe ya advertía de que, con menos aportes de agua y las altas temperaturas del verano, la laguna acabaría en un estado malo para muchas especies. Es decir: avisaba de esto exacto, y aun así sirvió de excusa para no mover un dedo.
Y hay una pregunta que en Carballo mucha gente se hace en voz baja y que ningún informe se ha molestado en responder. La entrada de la ría, que antes se cerraba de forma puntual, lleva cerrándose de forma crónica desde hace unos años. Justo el tiempo en el que a pocos kilómetros crecía el macrodique del puerto exterior de Langosteira, uno de los más grandes del mundo. Una obra de esa escala cambia el oleaje y mueve la arena a lo largo de toda la costa; eso es física conocida. Nadie ha demostrado que sea la causa. Pero es que nadie lo ha estudiado siquiera. Y cuando ya una vez, con la extracción de arena, la mano del hombre alteró las corrientes de Baldaio, lo mínimo sería preguntárselo. El informe no lo hace. Tampoco menciona la depuradora. Empieza a ser mucha casualidad lo que estos papeles deciden no mirar.
Un millar de personas lo entendió mejor que el informe. El 18 de julio se plantaron en Baldaio con palas de juguete a pedir una solución. “Dóennos eses discursos que minimizan o que aquí pasa”, decía el manifiesto. Después vinieron los movimientos de siempre: el Concello escribiendo a la Xunta, el BNG preparando iniciativas, el PP pidiendo una mesa técnica, las tres administraciones reunidas para concluir que la que tiene que actuar es la Xunta. Reuniones. Escritos. La laguna, mientras, sigue muriéndose.
Y aquí conviene mirar atrás, porque a Baldaio no se le hace daño por primera vez.
Hasta los años cuarenta era un enclave natural. Luego llegó una concesión que, en vez de montar el criadero de peces prometido, se dedicó a llevarse la arena para venderla a la construcción. Más de medio siglo saqueando un humedal. En 1977 el pueblo se levantó contra aquello. En 1991 el Tribunal Supremo anuló la concesión. Baldaio se ganó a pulso, peleándolo. Después del Prestige lo volvimos a pagar: en 2002 se cerró la bocana con piedras y arena para protegerla del chapapote, y a los pocos meses los mariscadores denunciaban que se les había muerto todo el marisco. “Quizáis foi peor o remedio que a enfermidade”, dijeron entonces. Desde que un temporal se llevó la gran duna en 2014, los cierres no han parado. Y la lista de planes para arreglarlo —Unesco, Ramsar, Life, convenios, proyectos millonarios— es una lista de intenciones que nunca llegaron a nada.
Ese es el resumen honesto de Baldaio: un sitio que el pueblo defendió dos veces y que ahora se apaga, no por un temporal ni por una catástrofe, sino por dejadez y por un puñado de papeles que dan permiso para no actuar.
No hace falta un milagro. Hace falta maquinaria para abrir el canal, una decisión sobre las compuertas y las administraciones dejando de mirarse entre ellas. Lo que se necesita es voluntad. Y que esto no se quede en una noticia de verano que dentro de un mes ya nadie recuerde.
Baldaio es de todos. Y a los sitios que son de todos, cuando nadie mira, se les deja morir.
Fuente de los datos: «Baldaio se ahoga con su propia arena», Cristina Viu, La Voz de Galicia, 29 de julio de 2026