Café Emma, un 'bistró' pendiente de ajuste

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C/ Pau Claris, 142 www.cafe-emma.com 93 215 12 16

02 de diciembre de 2011 (16:51 CET)

Entrar en el Café Emma es trasladarse a tierras francesas sin salir del Eixample. Muy bien decorado, con un ambiente que invita a la intimidad, mesas y sillas de madera, paredes en gris suave y grandes espejos.

La iluminación, con lámparas y apliques de estilo art decó, contribuye a crear ese aire de calidez tan francés. Una barra de ostras y otra de especialidades de panadería acaban de dar el toque que los creadores del establecimiento –los cocineros Romain Fornell y Michel Sarran- han querido imprimir a esta reciente aventura en común.


El local quiere ser un bistró y casi lo consigue: especialidades francesas a buenos precios, junto con algunas más de estilo catalán, y sobre todo el menú, a 17 euros al mediodía y 22 por la noche, que es lo más bistró de la oferta. Abre todos los días de la semana, incluso por la mañana.

El público es de lo más variopinto: desde turistas bien guiados, a los típicos buscadores de novedades, pasando por parejas y grupos familiares. Su ubicación le va a dar grandes oportunidades entre las gentes que trabajan por la zona más céntrica de la ciudad.

Hoy en día es difícil dar en Barcelona con unos escargot como dios manda, incluso los de lata no se encuentran fácilmente ni los precocinados envasados. Por eso, a cualquier aficionado a la cocina francesa se le van los ojos detrás de la propuesta de los caracoles a la borgoñesa de la carta del Café Emma.

Pero he de decir que dos de los seis que contenía el plato que pedí estaban vacíos, al margen de que la envoltura de mantequilla, hierbas y ajo que los adoban y que debe ser aromática y sabrosa, en este caso era algo insípida y excesivamente herbácea. También probé las anchoas del Cantábrico, pero eran de lata.

El foie poéle con crumble y manzana verde estaba en su punto, delicioso y en una cantidad ajustada a su precio. Quizá hubiera tenido más suerte con el tartar de buey al cuchillo si yo fuera más hábil para dar con la proporción adecuada entre los distintos ingredientes para elaborar la salsa bistró que te proporciona la camarera, pero lo cierto es que no di con el chiste. Muy bien el melocotón melba. Y el café Illy, en su punto.

La carta de vinos –solo franceses- no es muy amplia, pero resulta más que suficiente y a precios razonables, con un par de marcas de blancos y otras dos de tintos para servir a copas, entre 2,5 y tres euros. La cerveza a presión, rica, correctamente tirada. Y el servicio es muy atento.

Desde mi punto de vista deben afinar bastante más. No es normal que un establecimiento de estas características te empuje más al menú que a la carta, aunque quizá el secreto del asunto esté precisamente en aclarar mejor esas dos opciones. Y estoy convencida de que darán en el clavo en cuanto tengan un poco más de rodaje. Los nombres que avalan el proyecto no pueden defraudar, pero para eso tienen que vigilar la cocina del bistró.
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