Casa Amalia, el arroz con conejo y caracoles

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C/ Passatge del Mercat, 4 www.casaamaliabcn.com 93-458-94-58

26 de julio de 2013 (17:16 CET)

En el pasillo norte del mercado de la Concepció funciona desde los años 50 un restaurante familiar, Casa Amalia, basado en la cocina de mercado, como no podía ser de otra manera. Siempre que pienso en este local me aparece la imagen de su arroz con conejo y caracoles, su plato más característico y probablemente el mejor de su carta.

Es uno de esos locales tradicionales y estables del Eixample cuya clientela ha ido envejeciendo al mismo ritmo que el barrio. El cantante Paco Ibáñez y el modista Toni Miró, habituales de la casa, parecen mayores de lo que en realidad son en este ambiente. También lo visitan bastantes abogados de los bufetes de la zona, cercanos a las dependencias de familia del departamento de Justícia de la Generalitat. En los últimos meses han aparecido en sus mesas algunos turistas camino del templo de la Sagrada Família.

El altillo

Hace años que los hijos de los fundadores tomaron las riendas del restaurante, que se ha mantenido siempre en una línea tradicional sin grandes oscilaciones. Casa Amalia tiene una sala en la planta y otra en el altillo, un espacio de techos bajos donde las mesas se aprietan como en un salón parisino y el ruido ambiente es considerable. En primavera y verano la zona más demandada es la terraza, contra la pared del mercado, por la que corre una agradable marinada y donde se paga un euro suplementario por persona.


Restaurante Casa Amalia.

Manteles blancos trabajados por el tiempo con espejos y percheros en las paredes, frente a antiguas neveras de bodega; el comedor principal, cuatro peldaños por debajo del nivel de la calle presidido por la barra desde donde siempre gobierna Carme, una mujer de carácter.

Especialidades

La carta es amplia, como las de antes. Una primera serie de sugerencias pegadas con post-its, donde se mezclan clásicos como el jamón de bellota o innovaciones, como el carpaccio de magret y foie o la merluza a la salsa de setas. Después, sus entrantes de siempre como el tartar de escalibada o el trinxat, además de las ensaladas y las sopas, y unas estupendas láminas de alcachofas rebozadas.


Carta del restaurante.

Y de segundos, pescados y carnes de todos los tipos: desde chipirones a la andaluza al rodaballo al horno pasando por un buen bacalao. También las contundencias, como el rabo de buey, y las ofertas más modestas, estilo butifarra con judías. El plato de los jueves no es la paella, sino la fideuá.

La oferta de vinos es sencilla. Lo más demandado es el porrón que sale fresco directamente de la nevera y que se suele acompañar con una gaseosa. Y también es muy frecuente el cava de la casa que da un aire de alegría a las mesas.

Casi todas las botellas son de gama modesta y contenida de precios, con una carga irregular, que va desde un 30% sobre el precio de bodega hasta el doble. El café, el clásico Balanzó, es solo correcto. Una comida con cava y postre sale por unos 40 euros.
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