Da Greco, un italiano de cine

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C/ Santa Teresa, 10 Tel. 93 218 65 50

10 de octubre de 2013 (20:06 CET)

Tony Greco ha conseguido en su nuevo emplazamiento lo que no logró en la época de su anterior ubicación en paseo de Gràcia, muy cerca de donde ahora está L’Eggs. El deseo de montar un comedor como de principios del siglo pasado, con gran presencia de obras de arte, en especial esculturas, reproduciendo un ambiente al estilo de aquellos salones decadentes de Nápoles o Palermo que tantas veces había reflejado Visconti en sus películas no había acabado de cuajar en su viejo local.


El edificio que ocupa ahora --en la calle Santa Teresa, muy próximo al otro-- le va como anillo al dedo. Es la antigua casa de Jean Luc Figueras, un pequeño palacete que, para empezar, tiene la puerta de entrada de madera, totalmente opaca, sin una concesión al vidrio. Si no es la misma que tenía en paseo de Gràcia se parece mucho. Le da un toque de privacidad que liga muy bien con el interior.


Teatral

Lo que en el otro local era un abigarramiento total, en este le da un aspecto teatral, pero confortable y elegante. Una parafernalia que llega hasta la vajilla, personalizada con el escudo de los Greco serigrafiado en los platos.

Las mesas, vestidas con manteles y servilletas impolutos, están repartidas de forma irregular por el comedor de manera que algunas de ellas quedan al resguardo de las miradas, casi como si estuvieran en un reservado.


Debe haberse puesto de moda, porque cuando lo visité, diez días después de haber reabierto, estaba a rebosar, con turnos y rotación de mesas. La clientela era muy variopinta; desde mujeres con mujeres a familias, pasando por comidas de trabajo de ejecutivos. En una de ellas vi a Josep Maria Rovira, el director general de Endesa en Catalunya.

En definitiva, un marco idóneo para este hábil chef instalado en Catalunya desde hace más de veinte años, que mantiene una relación cordial y amigable, muy italiana, con sus habituales.

La carta


La enorme carta --por tamaño-- empieza con unas sugerencias del día, como jamón Joselito, y una amplia relación de entrantes, entre los que además de especialidades italianas, como en antipasto de verduras encurtidas y el surtido de embutidos --hay que probar la mortadela--, figuran platos del todo eclécticos: palmitos, espárragos, salmón ahumado o langostinos.

La relación de pastas es la clásica, con varias opciones de espaguetis, fetuchini, lasaña, risotto y tortelini.
Después, cinco carnes de vacuno y un par de pescados. Y, para terminar, los postres que elabora el hijo del propietario, John, que aprendió el oficio en Nueva York.

Mientras bebía una mediana Moritz en una copa helada --¿cuándo se acabará esa fea costumbre?-- pedí el antipasto de verduras, que estaba correcto, aunque me hubiera gustado un poco más especiado, y unos tortelini de trufa blanca, gorgonzola y parmesano, que estaban francamente ricos. Mi acompañante optó por la misma pasta como primero y una buena pieza de entrecot a la brasa de segundo que, por cómo dio cuenta de ella, diría que le resultó satisfactoria.

Un detalle


Como es costumbre en la casa, nos obsequiaron con una tapa, unos raviolis de setas muy ricos. De todas formas, diría que el uso abundante de la crema de leche uniformiza demasiado el sabor de los platos de pasta. Probablemente, los raviolis formaban parte de una las opciones del menún de mediodía, a 18 euros, que incluye la posibilidad de una degustación de pastas. Compartimos un tiramisú elaborado sobre la base de pastel muy bueno, quizá lo mejor de la comida.

La carta de vinos no es excesivamente amplia, pero suficiente. Ofrece marcas de casi todas las denominaciones españolas y unas pocas italianas. Bebimos un blanco, un Danini de pinot grigio y garganega, agradable y baja graduación, lo que es de agradecer. Un vino modesto, que pagamos a 18 euros, el triple que en la bodega. A veces, cuando los restauradores tratan los vinos como si fueran de importación, parece que no estemos en la Unión Europea.

El café, Tupinamba, servido en su medida y temperatura, cuesta 90 céntimos. La comida nos costó 45 euros por persona, un poco caro.
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