El Chato, un vasco navarro

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15 de julio de 2011 (12:23 CET)

El trasiego de transportistas que hacían la ruta del norte de España hasta el puerto y el ferrocarril de Barcelona dio lugar a cierta concentración de bares y restaurantes vasconavarros en la zona del bajo Eixample donde acababan las rutas de los camioneros, en las cercanías de la Estación del Norte. De aquellos tiempos quedan pocas cosas porque hace años que la mayor parte de las empresas de transportes se desplazaron hacia otros lugares de la ciudad.


Una de las reminiscencias de entonces es El Chato, el restaurante que montó en 1941 uno de esos camioneros. Su retrato preside el local, que desde hace tiempo dirige su hijo, Agustín Elorza.

La clientela procede mayoritariamente de empresas de la zona, entre ellos hombres aficionados al varoneo. Pocas familias. Antes era frecuente encontrar a gente de Aigües de Barcelona, que tenía la sede muy próxima. Hoy, ese lugar lo ocupa la Conselleria de Interior, algunos de cuyos funcionarios también lo visitan. Como periodistas del Grupo Zeta, que tiene su sede barcelonesa a unas calles. Pero antes de que la plantilla de El Periódico de Catalunya aterrizara en la zona, otro periodista, Joaquim Maria Puyal, ya era un asiduo, sobre todo por las noches, cuando a Agustín le gusta montar tertulias de todo tipo de temas. El patrón es un gran lector de diarios, aficionado al esquí y a las playas ibicencas. Tiene un defecto: no es cervecero, y eso se nota muchísimo porque se atreve a vaciar el contenido de una lata en un vaso cuando un cliente le pide una caña. Yo siempre tropiezo en la misma piedra; cuando me acuerdo del pecado de la lata, es tarde, ya he pedido.

Tiene dos salas en la planta baja, conectadas por un pasillo en el que una larga vitrina muestra la colección de mecheros del propietario, y otra en el altillo. Nunca ha sido un establecimiento de guías ni circuitos, aunque durante un largo periodo de tiempo fue el lugar de Barcelona donde se podía comer la mejor merluza a la vasca. Hoy, Agustín presume del steack tartare –su penúltima incorporación antes de la ensalada de congrejo real noruego-, que prepara él mismo como la especialidad de la casa. Pero, sin desmerecer de la carne cruda, tanto la citada merluza como los calamares en su tinta o las cocochas le superan ampliamente, sobre todo porque están por encima de la media de la mayor parte de restaurantes de la ciudad. La carta siempre incluye espárragos de Navarra, el cabritillo al horno –recién hecho-, las setas en la temporada y las alubias de Tolosa.
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