El Petit Comité de Nandu Jubany

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Pasaje de la Concepció, 13 www.petitcomite.cat 93-550-06-20

19 de mayo de 2014 (10:43 CET)

No había vuelto a esta casa desde que a principios de año se hizo cargo de ella el cocinero de Calldetenes tras la etapa inicial de Fermí Puig. Han hecho reformas, de manera que aparece como un poco más claro y diáfano. En la entrada hay una barra con un mostrador de tapas clásicas y un tirador de cerveza.

Las paredes con ladrillo blanco a la vista y maderas descapadas le dan un aire como de cierta informalidad, igual que las sillas, que son un híbrido entre los asientos clásicos de un comedor y un taburete. Sigue habiendo dos salones. El día de mi visita el de dentro estaba vacío y el de fuera tenía algo más de media entrada.


El tocho


Ambiente muy de negocios. Delante de mí tenía a un grupo que no paró de hablar todo el tiempo de recalificaciones, buenos negocios inmobiliarios en Cubelles, pese a la central térmica, y de nuevas empresas en Brasil. Unos días después me enteré por la prensa por qué Cubelles volvería a ser negocio. A mi izquierda, otro grupo que hablaba de imputados y de política.

Lo primero que una se pregunta en este local es la diferencia entre sus dos vidas, siendo como son las cocinas de Jubany y de Puig tan parecidas, tan enfocadas a la tradición catalana y ejecutadas por dos cocineros de fuerte personalidad.

Diría que en la fase actual, el Petit Comité ofrece una cocina basada en los clásicos, pero algo más suave, quizá con una cocción más pausada y también con un recurso más intenso a los productos de temporada. Un poco más light. Diría que el servicio, muy eficaz, también denota que Jubany no solo es un cocinero, sino un empresario con muchos negocios y un interés muy especial en los eventos y el catering, que viene a ser como la explotación integral de la restauración.

El huerto


La oferta comienza con unos platos del día fuera de la carta. Era martes, verduras: espárragos blancos con salsa holandesa, huevos rotos con guisantes, alcachofas, habitas y jamón, y fresas con azúcar y vinagre balsámico.

También tiene un menú cerrado a 42 euros, sin vinos. Tapa y postre más tres platos centrales. La carta es amplia y muy representativa del estilo Jubany, con alcachofas y guisantes acompañando las carnes; la manzana junto al cabrito y al hígado de pato. Elementos del huerto que también complementan los arroces. Brasa y cansalada.

Empecé por una caña Damm muy bien servida y a temperatura adecuada. Me obsequiaron con una tapita de ensalada de lentejas y foie y un crujiente de oreja de cerdo, finísimo. De primer plato, una innovación de la escalibada tibia que incorpora espárragos, remolacha y romesco; bien.

Y de segundo, un clásico. Albondigas con sepia y guisantes del Maresme, que se deshacían en la boca. Estupendo, pero algo breve. Así que tomé postre: una suavísima y aromática crema catalana con carquiñolis. Todo muy nostrat.

Los vinos


Bebí una copa Jean Leon Chardonnay, que pagué a 5,25 euros. La carta de vinos incluye una relación de botellas –todas de DO catalanas- que se pueden servir a copas y a continuación una amplia oferta en la que no cargan tanto como nos tienen acostumbrados la mayoría de los restaurantes. El priorat Clos Nelin del 2011 lo tienen a 45,10, frente a los 27,45 de Vila Viniteca; y el toro Numanthia del 2010 a 60 euros, frente a los 35,8 de la bodega.

El café, Lavazza, uno de los mejores que he tomado últimamente. Pagué 56 euros por la comida, incluidos los petit fours, lo que me pareció caro.
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