El Principal, entorno y cocina

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C/Provenza, 286-288 www.grupotragaluz.com 93-272-08-45

22 de marzo de 2013 (12:35 CET)

El Principal es hijo del Grupo Tragaluz, lo que se nota nada más entrar en el restaurante porque la decoración lleva el sello de Sandra Tarruella, hija de la fundadora de la empresa y diseñadora de todos sus locales. Espacios amplios, diáfanos, techos altos y una elegancia funcional, cómoda, con tonos suaves en las paredes y música tranquila de fondo.

En este caso, las medidas permiten algunas esculturas rompiendo la sensación de continuidad de una planta principal enorme, antigua vivienda noble de un edificio de principios del siglo pasado en el centro de la ciudad. Dispone de un patio interior rodeado de árboles que da paso a una bellísima biblioteca, situada al fondo del edificio, que se utiliza para actividades complementarias.




El miércoles pasado precisamente fue escenario de la presentación barcelonesa de la segunda entrega de Mabes, la guía de los mejores alimentos y bebidas del país que edita Montagud. En el sótano hay varios comedores para comidas de empresa e incluso bodas, para las que puede abrir los domingos, día semanal de descanso.

Es un lugar muy confortable y agradable, con un servicio esmerado. Con una barra en la entrada en un espacio acogedor para las esperas, que solo tiene un pero, no hay cerveza de barril: Heineken o Cruz Campo reserva, en botella. Un entorno adecuado para comidas de trabajo en una zona burguesa de la ciudad del que es difícil salir defraudado.

Los efectos de la crisis

La crisis se nota, como en todas partes, aunque las dimensiones del establecimiento la hacen muy visible. Había estado en varias ocasiones, encuentros de tú a tú, de empresa, en un par de fiestas en la biblioteca y el patio; incluso en una boda. Y nunca lo había visto como cuando fui para escribir esta nota. Cinco mesas ocupadas. Era uno de esos días de frío en Barcelona, y no pude evitar pensar en el coste que supondría mantener aquel espacio a buena temperatura para tan pocos comensales.

Tiene un menú de mediodía bastante logrado, a 26 euros, que incluye una copa de vino y un Bracafé muy correcto. Unos pequeños aperitivos, como unas olivas gordales aliñadas y unas kalamata, además de unos crujientes de queso. Y después unos sencillos petit fours para acompañar el café.

Dos opciones para cada plato. El arroz con codorniz y alcachofas que tomé de primero estaba francamente bueno, suave gracias a la verdura. La merluza al horno con patatas y tomate, también tenía un aprobado, sobre todo por la guarnición; se nota que aun ajustándose a los precios es un lugar donde hay cocina solvente. El pescado no estaba a la altura del acompañamiento. El mató con miel de postre redondeó bien una comida en dosis de menú, como no podía ser de otra manera. Compite bien con otros menús de precio similar.

Bebimos un Pittacum 2005, un bierzo en su punto y con personalidad. A 23 sin IVA, más del doble que en bodega.

Platos imaginativos

La carta también es funcional por sus dimensiones, pero imaginativa. Se nota que la casa no pretende solo ofrecer un buen ambiente, un lugar para encuentros de trabajo, sino que hay interés en los platos. Cuatro pescados y cuatro carnes, en ambos casos los más clásicos, con un capítulo atractivo de entrantes. El chef tiene querencia por los postres (6), en los que la presencia del chocolate es notable.

La oferta de vinos está muy actualizada, con aportaciones de las denominaciones más en boga. Incluye productos del Empordà interesantes, tanto en blanco como tinto. La carta se abre con una relación de los vinos de la casa, que se sirven también a copas, y de los que disponen de medias botellas. En todos los casos, carga algo más del doble en el precio.

Una comida a la carta sale por unos 50 euros, sin vino.
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