Gorría, el mejor vasco-navarro

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Diputación, 421 93 245 11 64 www.restaurantegorria.com info@restaurantegorria.com

12 de mayo de 2011 (11:43 CET)

En el ranking de restaurantes vascos, o vasco-navarros, de Barcelona, Gorría es seguramente el mejor y el más caro. A la vez, o quizá precisamente por eso, es el que tiene más clientela procedente del mundo de las empresas, aunque la abundancia de personal masculino aficionado a la buena comida hace que se cree un cierto ruido-ambiente; es decir, que no es un local donde hacer negocios, más bien diría que es para celebrarlos una vez concluidos. Dispone de un salón privado, para 10 o 12 personas, en el que si no está reservado al completo disponen dos o tres mesas para disfrutar de cierta tranquilidad. Cuenta con una clientela fiel de hace años, aunque entre los comensales siempre es fácil encontrar a gentes de otras partes de España de visita para asistir a ferias y eventos locales. Pocos turistas, caras conocidas y mucho empresario; es difícil que alguien del mundo de la empresa que no haya pasado por aquí, y que además no hable bien de la casa. Lluís Prenafeta, el otrora poderoso secretario de Presidencia de la Generalitat y hombre del sector negocios de Convergencia, ha sido un habitual de la casa. La última vez que visité Gorría encontré a Enrique Hevia, viepresidente del grupo Freixenet, y conocido gourmet. El varoneo, eso sí, es clarísimo, y se nota en cualquier día del año. La decoración es muy clásica y agradable; apenas ha cambiado en sus casi 40 años de historia. Las paredes del comedor, en el sótano, están forradas de botelleros donde reposan vinos de calidad. Ese aspecto de bodega, combinado con el ladrillo vista pintado de blanco, da un aire cálido al salón.


 
Originariamente, el establecimiento se montó a la sombra del vasquismo de la parte baja del Eixample izquierdo de la ciudad, donde radicaban las empresas de transporte que hacían la ruta entre el País Vasco, Navarra y Barcelona. Fermín Gorría, el padre del actual titular, fue quien le dio el gran impulso que le ha puesto a la cabeza de forma destacada de las cocinas de su especialidad de la ciudad. Ahora, su hijo Javier lo ha consolidado con una oferta muy buena, donde destaca la materia prima, desde el chuletón sin competencia en Barcelona y el excelente jamón a las pochas con su toque de guindilla, el cardo -en general, toda la gama de verduras de la Ribera Navarra-, pasando por las habitas con calamares, las kokotxas, el cogote; y en los postres, cómo no, los canutillos.

Es recomendable dejarse llevar por el maitre, que también se llama Javier, que lo único que pregunta es si apetece carne o pescado. Y para beber, Castillo de Sajazarra de reserva, un rioja difícil de encontrar que lo ofrecen como el vino de la casa. La carta de vinos es buena y amplia, con dominio de los tintos de todas las denominaciones españolas, y una consistente relación de champagnes: ya he dicho que es un local para celebrar. Es muy clásica, quizá demasiado para algunos gustos, pero está en plena sintonía con la oferta global de la casa, que se ha movido poco desde sus inicios y que consigue una foto fija de la gastronomía vasca, justamente el encanto de Gorría.
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