Rías de Galicia, todo a lo grande

stop

C/ Lleida, 7 www.riasdegalicia.com 93-424-81-52

04 de mayo de 2012 (12:30 CET)

Hasta que usted no haya visto y probado las almejas que sirven en Rías de Galicia no podrá decir que conoce de verdad las almejas de carril; lo mismo le pasará con los percebes, con las ostras gallegas y con las cigalas de tronco, que pueden hacer medio kilo por unidad, como un bogavante de ración.

Es la tarjeta de presentación de esta marisquería gallega situada en la calle de Lleida, junto a las instalaciones de la Fira de Barcelona de Montjuïc. Producto único, de los que no se encuentran en el mercado, de primera calidad y a precios en consonancia. Su ubicación ya indica la intención de los propietarios, la familia Iglesias, de facilitar un escenario feliz para cerrar negocios de la gente que acude a las ferias.


Había estado en otras ocasiones. Recuerdo que antes del cambio de decoración, una de mis visitas coincidió con una degustación de habanos en la que los comensales eran invitados a disfrutar de las mejores elaboraciones de Cuba después de una buena comida. Entonces, el local estaba diseñado a la antigua usanza con una sala amplia donde todo el mundo veía a todo el mundo, muy apto para el varoneo.

Tras las obras, con madera noble, pero no ostentosa, sillas cómodas, mármol y servicios de primer nivel, los espacios son más compartimentados para facilitar las reuniones de trabajo o familiares con cierta privacidad. Eso no quiere decir que no puedas ver e incluso oír algunas escenas, como a la que asistí la última vez que estuve, en la que me empapé de toda la conversación que Ramón Bagó mantenía con un cliente.

El presidente del potente grupo Sehrs, exdirector general de Turismo y antiguo alcalde de Calella, convencía a su interlocutor de las bondades de las inversiones que ha hecho en Brasil, al resguardo de zarpazos como el argentino en YPF o el boliviano en REE, y de las diversificaciones que ha abordado en su imperio turístico. No es que pegara la oreja, es que hablaba muy alto. Cuando entré ya estaban en la mesa, y cuando salí aún continuaban sentados.

La carta de Rías de Galicia, que como marisquería le discute el primer puesto al célebre Botafumeiro, es de primera. Está diseñada en función de si se desea compartir, si apetece comer en frío o en caliente, en productos de mar o de la tierra. E incorpora platos de la nueva cocina, de forma que la dorada se puede degustar en sus tratamientos clásicos o en sashimi, como el atún y la vieira; también ofrece tartar de toro o de bogavante. Aprovecha las nuevas tecnologías para preparar huevos de corral a baja temperatura con dos tipos de caviar y para darle al pulpo una nueva textura, además de la típica a feira.

Hay quien dice que esas derivaciones obedecen a la relación de los hermanos Iglesias con Albert y Ferran Adrià, de los que son socios en el Tickets y el 41º, muy próximos al Rías. Es posible, aunque tampoco deja de ser una evolución lógica en un restaurante que quiere ir más allá a partir de una materia prima excepcional.

El servicio, sobre todo cuando lo dirige Borja Iglesias, es muy eficaz. Aconseja muy bien sobre la adecuación de los platos y las raciones, medias o enteras, al apetito del comensal. A nosotros nos puso unas croquetas de marisco muy buenas con un tratamiento final de tempura, unos camarones, unas cigalas –de las normales- a la plancha, pulpo a feira y arroz hecho con nécoras, estupendo y tan sabroso como contundente: me estuve acordando de él toda la tarde. Para postre, unas cañas de Carballín, excelentes aunque a esas alturas ya había saturación. Petit fours de coca de pipas y de pastel de manzana.

La bodega de la casa tiene merecida fama, con unas 800 referencias. Presencia ostensible de productos gallegos, pero que no tapa los del resto de las denominaciones, incluida una amplia relación de catalanas y de francesas.

Como me gusta el albariño, pero le temo a sus retroefectos porque me suele resultar cabezón, Iglesias recomendó un Martín Codax tratado en barrica, el Osganistrum. Bien. Lo cobró a 25 euros, frente a los 18 de la bodega, lo que es una excelente proporción. Tienen la fea costumbre de servir la caña en vasos helados, lo que mata el sabor de la cerveza, pero por lo menos tienen barril. Deberían tomar ejemplo del Tickets para servirla correctamente. El café, Novell, estaba quemado; qué lástima. La comida salió por 110 euros.
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad