La promesa de Repsol a Trump para Venezuela pone en entredicho su objetivo de reducción de emisiones

La petrolera española incrementaría su producción anual en Venezuela a 49 millones de barriles, aumentando también sus emisiones de CO2

Repsol produjo 24 millones de barriles en Venezuela en 2024

Repsol produjo 24 millones de barriles en Venezuela en 2024

Repsol está decidida a producir tres veces más petróleo de lo que venía haciendo en Venezuela antes del veto estadounidense. Una promesa que el primer ejecutivo de la energética española, Josu Jon Imaz, ha hecho a Donald Trump para seguir operando en el país sudamericano tras la intervención de Estados Unidos. Algo que, de producirse, supondría también un aumento de emisiones que complican sus objetivos establecidos para los próximos años.

«Estamos listos para invertir más en Venezuela. Hoy producimos 45.000 barriles diarios de petróleo y estamos listos para triplicar esa cifra, invirtiendo sustancialmente en el país», aseguró Imaz al presidente de Estados Unidos el pasado viernes en la reunión de grandes petroleras en la Casa Blanca.

Esta decisión supondría aumentar su actividad hasta los 135.000 barriles diarios y superar los 49 millones de barriles de crudo al año. Colocaría de nuevo a Venezuela como su segundo mercado por número de barriles producidos al año, sólo por detrás de Estados Unidos, donde produce 71 millones de barriles anuales.

Según los datos de la compañía, en 2024 obtuvo unos 24 millones de barriles de Venezuela (67.00 barriles diarios), el 11,5% del total del grupo, que alcanzó los 209 millones de barriles durante el ejercicio.

Es la misma cifra que produjo en Trinidad y Tobago, país al que duplicaría en producción si Trump dejara a Repsol volver a operar con la promesa lanzada. Sin embargo, este escenario daría lugar a otro problema para la compañía española.

Aunque Repsol y sus principales directivos llevan tiempo lanzando mensajes a Bruselas acerca de la necesidad del petróleo y el gas durante los próximos años o presionando para que se relaje la regulación en torno al uso de combustibles renovables, entre otras cosas, también cuenta cona estrategia de reducción de emisiones.

Los objetivos de reducción de emisiones de Repsol

El objetivo principal de la compañía es alcanzar las cero emisiones netas en 2050, un plazo bastante amplio para transformar la compañía de uno de los sectores más contaminantes para el medioambiente a una energética limpia.

No obstante, Repsol se ha marcado hitos intermedios en su proceso de descarbonización que no están tan lejos temporalmente y que pueden verse afectados con un incremento en su hasta ahora principal negocio, el de exploración, producción, refinado, distribución de hidrocarburos.

Según recoge la compañía en su Plan Global de Sostenibilidad de 2025, la petrolera pretende reducir en un 28% el indicador de intensidad de carbono para 2030 respecto a 2016.

El objetivo es cumplir con el hito intermedio de recorte del 15% en 2025, «reduciendo un 55% las emisiones absolutas de alcance 1 y 2 en activos operados por la compañía».

Esto implica un recorte de la contaminación que genera directamente en sus operaciones (por ejemplo, la quema de combustibles en plantas, y plataformas que controla), así como las derivadas de la operación asociadas a la electricidad, vapor o calor que Repsol utiliza en sus actividades, aunque no emita directamente.

La cotizada también se compromete a reducir un 20% las emisiones absolutas de alcances 1, 2 y 3 de la compañía respecto de 2018. En este caso, cuentan además las emisiones indirectas de toda la cadena de valor, especialmente las relacionadas con el uso de los productos que vende.

En cualquier caso, un aumento significativo de su producción de crudo impulsaría sus emisiones tanto directas como indirectas asociadas al petróleo, complicando así unos objetivos de descarbonización que van en línea con la agenda de la Unión Europea para combatir la crisis climática.

Los recortes de inversión en Hidrógeno

Con todo, el mensaje de Repsol en el último año no ha ido precisamente a favor de la estrategia de Bruselas para las empresas e industrias de los estados miembro.

Son muchas las intervenciones de Imaz en diferentes foros, juntas de accionistas de la compañía o llamadas con analistas para presentar resultados trimestrales en las que ha pedido a la UE “pragmatismo y realismo” en su política para no perjudicad la competitividad.

La multinacional también viene reclamando que se apueste por todas las tecnologías por igual para lograr una transición energética más rápida y a menor coste.

Un reclamo que tiene que ver con el combustible renovable que produce y que ya vende en 1.500 estaciones de servicio repartidas entre España y Portugal y que choca con la prohibición de motores de combustión en la UE que, finalmente se ha suavizado para no perjudicar a la industria automovilística.

Más allá de estos negocios, Repsol se ha introducido de lleno en otras actividades como la comercialización de energía o el hidrógeno verde. Sin embargo, el gas renovable le ha dado más quebraderos de cabeza de lo esperado inicialmente.

La compañía ha cancelado varios proyectos como el que iba a desarrollar en Puertollano junto a RIC Energy o el de Meirama junto a Naturgy y Reganosa.

Repsol estableció en su último Plan Global de Sostenibilidad mencionado avanzar en su capacidad instalada de hidrógeno para 2030, alcanzando más de 1,6 gigavatios (GW) de producción en la península ibérica, con un hito intermedio de 0,5 GW a 2027.

De ese objetivo inicial, la compañía primero redujo la capacidad proyectada hasta los 1,2 GW, para más tarde poner un límite de entre 600 y 700 MW a 2030. Lo que supone un recorte de 1.170 millones con respecto a lo planteado en un principio.

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