¿Prioridad nacional o dependencia general? 

Cuantas más personas dependan del Estado para vivir, más electores tendrán motivos para votar a quien gestiona ese Estado

No creo exagerar si digo que Pedro Sánchez ha convertido la dependencia en su principal activo electoral. Y no es una consecuencia involuntaria de su gestión, sino que parece evidente que es un método deliberado y calculado. Es un trato con truco: cuantas más personas dependan del Estado para vivir, más electores tendrán motivos para votar a quien gestiona ese Estado. Y cuantos más dependan del PSOE para trabajar, más serán los que no se pregunten qué hace el PSOE con el dinero de todos.  

No piensen que esto es algo nuevo e inventado por el inquilino de la Moncloa. El peronismo, por ejemplo, fue durante décadas el manual más completo jamás escrito sobre cómo convertir a un pueblo en clientela. Perón lo entendió antes que nadie: quien da el subsidio tiene el voto. Quien reparte el cargo tiene la lealtad. Quien construye dependencia, construye poder. Argentina tardó décadas en descubrir el precio de aquella ecuación. España lleva años leyendo el mismo libro, aunque con diferente portada. Aquí lo llaman política social progresista. El resultado, por ahora, va siendo parecido. 

Los números son elocuentes. Desde que Pedro Sánchez llegó a La Moncloa en 2018, el sector público ha sumado más de 650.000 empleados, con un crecimiento del 26,7%, frente al 12,1% registrado por el empleo privado en el mismo período. Dicho de otra manera: la Administración ha crecido al doble de velocidad que la empresa privada.

El sector público español ha creado un promedio de 142 puestos de trabajo al día durante los últimos siete años. Ciento cuarenta y dos nóminas diarias pagadas con dinero público, ciento cuarenta y dos razones diarias para que alguien piense dos veces antes de votar a quien prometa reducir el gasto. A esto se le llama, en el lenguaje técnico de la Moncloa, «refuerzo de los servicios esenciales». Y quien lo cuestiona es la ultraderecha que acabará con todo. Que lo sepa. 

«Conviene mirar el mapa con los ojos abiertos y entender que cuando alguien construye dependencia de manera sistemática, no lo hace por generosidad, lo hace porque sabe que la prioridad siempre está en la dependencia»

Y junto a los funcionarios está el ejército de los dependientes del ingreso mínimo vital. En enero de 2026 el IMV llegaba a casi 800.000 hogares, con un incremento del 18,8% respecto al año anterior. Una prestación necesaria para quien la necesita, nadie lo discute. El problema no es la red de protección. El problema es cuando la red se convierte en “sofá cheslong”. Cuando el incentivo a mover el culo es menor que el incentivo a quedarse tirado entre cojines. Cuando el sistema, en lugar de ser un trampolín, es un aparcamiento. 

Y luego está la operación de ingeniería demográfica más ambiciosa que se haya visto en este país en décadas. Primero, la regularización extraordinaria de inmigrantes, aprobada este mismo mes de abril, dirigida a personas en situación irregular que lleven en España desde antes del 1 de enero de 2026. Después, la Ley de Memoria Democrática, que en su versión de nietos y bisnietos dio acceso a la nacionalidad española a quien nunca ha vivido aquí, nunca ha cotizado aquí y nunca ha pagado un impuesto aquí, pero tiene un abuelo que salió de España hace ochenta años. Hasta septiembre de 2025, se habían presentado 876.321 solicitudes y concedido cerca de 240.000 nacionalidades, con Argentina como principal país de origen.  

Nuevos españoles con pasaporte europeo, muchos de ellos sin intención de venir a España, pero todos ellos con derecho a voto en las elecciones consulares. Votos que, por cierto, históricamente han beneficiado al PSOE de manera aplastante. 

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Foto: Europa Press.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Foto: Europa Press.

Uno podría pensar que todo esto es casualidad. Que la multiplicación de dependientes, funcionarios, regularizados y nuevos nacionalizados no tiene ninguna relación con la estrategia electoral de un partido que sabe perfectamente que en urnas libres y con ciudadanos independientes lo tiene cada vez más difícil. Uno podría pensarlo.

Pero entonces recuerda el pucherazo frustrado en el comité federal del PSOE, ese episodio en el que Sánchez se lo jugó todo para seguir en el poder, y recuerda también que quienes le apoyaron en aquel trance acabaron todos colocados: en ministerios, en embajadas, en organismos públicos, en consejos de administración de empresas del Estado. Palmeros con nómina. Leales con cargo. El “Pedronismo” en su versión doméstica y funcionarial. 

El peronismo tardó en quebrarse porque había construido una sociedad que ya no sabía vivir sin él. España no está en ese punto. Todavía. Pero conviene mirar el mapa con los ojos abiertos y entender que cuando alguien construye dependencia de manera sistemática, no lo hace por generosidad. Lo hace porque sabe que la prioridad siempre está en la dependencia. 

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