Sánchez embarra el terreno para cuando gobiernen otros
Sabe que tiene complicado seguir en la Moncloa otra legislatura y prepara el terreno de juego para que su contrincante, en caso de gobernar, no sea capaz de levantar el balón ni para salir de su área
Existía una vieja táctica en el fútbol, tan antigua como deshonesta, que consistía en regar el campo hasta convertirlo en un barrizal antes de que llegara el rival. La idea era sencilla: si no puedes ganar en campo limpio, que nadie juegue bien. Que el barro iguale lo que el talento no puede. Pedro Sánchez lleva meses aplicando esa misma filosofía a la política española. Sabe que tiene complicado seguir en la Moncloa otra legislatura y prepara el terreno de juego para que su contrincante, en caso de gobernar, no sea capaz de levantar el balón ni para salir de su área.
Los dos grandes charcos que está cavando con entusiasmo tienen nombre propio. El primero se llama regularización masiva de inmigrantes. El Consejo de Ministros acaba de aprobar el Real Decreto que da inicio al proceso de regularización extraordinaria para miles de personas migrantes que ya residen en España. La ministra de turno lo presentó como «uno de los grandes hitos de la legislatura«. Faltaría más. Los hitos, en este Gobierno, siempre los protagonizan ellos. Las consecuencias, invariablemente, las pagamos los demás. Como con la ley del “solo sí es sí”.
Nadie en su sano juicio discute que España necesita inmigración. Un país envejecido, con la natalidad donde está y la pirámide poblacional que tenemos, necesita mano de obra foránea como el campo necesita agua. Pero el agua en exceso ahoga. Y una regularización masiva y acelerada, sin capacidad de integración real, sin recursos sociales suficientes y sin distinguir entre quien viene a trabajar y quien viene a ver qué encuentra, es una apuesta cuyas consecuencias ya hemos visto en otros países de nuestro entorno.
Y esas medidas necesitan en España justo el tiempo suficiente para que quien gobierne después de Sánchez las herede sin haberlas elegido. Y por si fuera poco, esa inmensa bolsa de nuevos residentes regularizados, una vez asentada y con papeles, se convertirá en un caladero electoral de manual para el PSOE. Porque será el partido que les regularizó, el partido que «les dio una oportunidad»… Y el que venga después que arregle el desorden, pero que no cuente con los votos de quienes lo vivieron. Bonito regalo.

El segundo charco tiene coordenadas geográficas más precisas: el Estrecho de Gibraltar. Mientras Marruecos aumenta su presupuesto de defensa hasta los 14.500 millones de euros, con un incremento del 18%, y refuerza su cooperación militar con Estados Unidos e Israel, España pierde apoyos en Washington en un momento crítico, consecuencia directa de la política exterior de Sánchez, que ha convertido el enfrentamiento con Israel y el distanciamiento con la administración americana en señas de identidad progresista.
A las dificultades por el reglamento de la OTAN -cuyo artículo 5 no menciona expresamente Ceuta y Melilla por encontrarse geográficamente en África- se une el distanciamiento político con Estados Unidos, principal fuerza de la Alianza. El resultado es que un exasesor del Pentágono ya ha pedido públicamente a Trump que declare Ceuta y Melilla «territorios marroquíes ocupados», y en Washington hay quien escucha esas cosas con más interés del que debería. Si Marruecos decide algún día apretar las tuercas en el Estrecho, el Gobierno que tenga que hacer frente a eso encontrará un mapa diplomático en el que los aliados naturales de España llevan años siendo sistemáticamente irritados por el actual inquilino de la Moncloa.
Cuando llegue ese momento, y el PP o quien sea tenga que gestionar la herencia, ya se sabe lo que pasará. Las voces a sueldo socialista dirán que hablar de «herencia recibida» es echar balones fuera. Que gobernar es afrontar la realidad, no lamentarse del pasado. Lo dirán con la misma cara dura con la que llevan años culpando a Aznar de todo lo que ocurrió entre 2004 y 2011, y con la que aún hoy mencionan a Rajoy cuando se les acaba el argumento. Pero eso es otra historia, o más bien la misma historia contada al revés.
Es la vieja táctica del “manguerazo”. El campo está regado. El barro, preparado. Sánchez saldrá por la puerta grande diciendo que dejó el terreno de juego impecable. Y el siguiente que intente jugar al fútbol allí que se compre botas de agua.