El Gobierno bonito en España

El nuestro es un Gobierno estético, bonito, pero que no trabaja -pese a aparentar que sí- más allá de la improvisación y de alimentar la dinámica frentista

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El exlíder Unidas Podemos, Pablo Iglesias y el del PSOE, el presidente Pedro Sánchez Efe/ Kiko Huesca

La política del gobierno de coalición formado por el PSOE y Unidas Podemos es el resultado de la enconada disputa entre el socialismo descolorido del PSOE y el socialismo de la felicidad de Podemos. Vayamos por partes.

El socialismo descolorido del PSOE

Cuando en el año 1959, en la ciudad alemana de Bad Godesberg, el SPD decidió aterrizar en la realidad abandonando el marxismo y abrazando la economía de mercado, algo cambió en la izquierda europea. Cosa parecida ocurrió en España en el año 1979 cuando, en el Congreso Extraordinario, celebrado en Madrid en septiembre de 1979, el PSOE abandonó finalmente el marxismo en favor del socialismo democrático.

La socialdemocracia alemana y el socialismo español –lo mismo puede decirse del resto de los socialismos europeos- certifican el fracaso del ideal emancipatorio de la izquierda y el triunfo de la democracia liberal. La caída del Muro –que también afectó al socialismo- acabó con la esperanza de la resurrección de la izquierda.

La magnitud de la tragedia socialista –también comunista-, propició la renovación de una izquierda dispuesta a adaptarse a la realidad.

Adaptarse, ¿cómo? Revisando el ideario con el objeto de mostrar que la izquierda renovada era la alternativa al liberalismo. El resultado no fue positivo y se produjo un efecto boomerang que benefició a la derecha si tenemos en cuenta que la renovación de la izquierda consistió en la asunción de buena parte del pensamiento liberal.

En cualquier caso, el socialismo incorporó algunas de las propuestas renovadoras. Al respecto, existen tres documentos que marcaron el camino del socialismo: el Manifiesto por una nueva izquierda europea (1985) de Peter Glotz, los documentos del 5º Congreso del Partido de los Socialistas de Cataluña (1987) y el documento del PSOE Materiales de Referencia para el debate: programa de investigaciones del pensamiento socialista (1989), conocido como Programa 2000.

Dichos documentos tenían cosas en común: liberalización económica, reconversión productiva, flexibilización laboral, reducción de la jornada de trabajo, intervención del sindicato en las decisiones empresariales, ventajas fiscales a la inversión de capital, protección de las clases medias, concertación social.

Y en eso que el PSOE, con José Luis Rodríguez Zapatero primero, y Pedro Sánchez después, abandona el grueso de las ideas reformistas de la socialdemocracia tradicional con el objetivo de reinventarse. Pero, ¿cómo? Decolorándose. Del rojo al rosa. O al rosáceo. Una operación de mercadotecnia ideológica y política para acceder a un mercado que se resiste a comprar mercancías caducadas.

Lo rosa se inscribe en un presente que ha perdido intensidad y en mundo marcado por el signo de la crisis. La promesa de una sociedad amable al alcance de la mano. De ahí, la apuesta por un socialismo descolorido y gaseoso que toma partido por el buenismo, lo auténtico, el diálogo sin más, la memoria histórica, el igualitarismo, la sostenibilidad, la paz en el mundo, la multiculturalidad, la alegría de vivir sin mascarilla o los indultos a la carta. Así se generan ilusiones, adhesiones y votos.

El socialismo de la felicidad de Podemos

El imperialismo doctrinal de un PSOE que se cree en posesión de la verdad, que se considera la expresión de la conciencia crítica de nuestro tiempo, que se presenta como modelo de conducta ética e insiste –yudo moral- en reñir, avergonzar y excomulgar a los ciudadanos que piensan de una manera diferente; ese imperialismo doctrinal existe igualmente en Podemos.

Ahí tienen ustedes al Juan Carlos Monedero que propone un “socialismo del siglo XXI alegre”, que “construya felicidad y alegría”, que “articule sus propios medios de comunicación orientados, por los valores que deben sostenerlo” (El socialismo del siglo XXI: modelo para armar y desarmar, 2005).

La felicidad socialista, ¿cómo? La receta de Juan Carlos Monedero: ecologismo, feminismo, planificación económica, afecto, empatía, solidaridad, alegría, cosmopolitismo multicultural y plurinacional, identidad antiimperialista, globalización contrahegemónica, trabajo que supere el marco capitalista, autonomía colectiva, ocio como crecimiento personal, contrapoder y antipoder, Estado maternal (Hacia una filosofía política del socialismo del siglo XXI. Notas desde el caso venezolano, 2008).

Nada debería extrañarnos de la política del gobierno de coalición formado por el PSOE y Unidas Podemos. Esa manera de hacer que convierte el sentimiento en estrategia, que apuesta por la tolerancia extrema, que entiende el diálogo sin más como terapia. Derechos a granel. Un populismo sonriente y gaseoso, una pasión del ánimo, una concepción grosera de la permisibilidad. Ese reeducar al ciudadano en una determinada concepción del mundo y en los valores de la corrección progresista.

Más: la política como spot para alcanzar y conservar el poder. Mucho Twitter. Demasiado discurso. Angelismo. Ese contemporizar con quien convenga. Ese avivar el conflicto con la derecha y rebajar la tensión con el secesionismo por intereses propios. Ese no hacer nada aparentando que sí se hace. La improvisación y la ocurrencia. La impostura y la frivolidad. Bandazos a la carta. La mentira táctica. Escasas convicciones. Dinámica frentista. La imagen. Gobierno anuncio. Gobierno bonito.

Pases y trucos

Con la expresión jogo bonito -acuñada en los 50 y 60 del pasado siglo- se denota y connota una particular manera de jugar al fútbol –a la brasileña- que se inspiraría en el baile y se caracterizaría por la creatividad y el espectáculo. El sociólogo y antropólogo brasileño Gilberto Freyre lo asociaba a un conjunto de pases y trucos. Vale decir que, por analogía, la expresión gobierno bonito se aplica a aquellos gobiernos aparentemente resultones. En España, por ejemplo.

Los conocedores de la materia, cuentan que el máximo exponente del jogo bonito -Pelé-, además de caer al suelo con cierta frecuencia de tanto driblar al adversario, acabó prácticamente en la ruina por culpa de una ambición mal gestionada y una pésima administración de sus recursos. Añadan, las amistades peligrosas. Eso sí, Peleé ya tiene su documental en Netflix. Pero, ni eso tendrá nuestro Gobierno bonito.

Miquel Porta Perales