El negacionismo independentista se mantiene en Cataluña

La abstención del constitucionalismo, la ley D'Hondt, el fanatismo y el victimismo propician un buen resultado del independentismo

La lluvia fina que empapa lentamente el territorio catalán, la epidemia vírica que nos invade, la abstención diferenciada y la ley D´Hondt, el cordón sanitario político y social, el victimismo y el sentimentalismo, así como el fanatismo y la estulticia, han propiciado el buen resultado del independentismo catalán.

¿Qué ha votado el independentismo?

1. La negación del Estado de derecho y la legalidad democrática -por parte del independentismo- que se traduce en el incumplimiento sistemático y reiterado de la Constitución y las resoluciones de los Altos Tribunales.

2. La negación de las resoluciones de la ONU (1960, 1966, 1970 y 1995) que advierte que no se puede 1) “romper totalmente o parcialmente la unidad territorial y la integridad territorial de un país», ni 2) existe la posibilidad de «romper o menoscabar, totalmente o parcialmente, la integridad territorial de los Estados soberanos e independientes», y 3) reserva el derecho de autodeterminación para “pueblos sometidos a dominación colonial o a otras formas de dominación u ocupación extranjeras”.

3. La negación de la resolución del Parlamento Europeo (26/11/2020) que rechaza –la petición fue formulada por ERC– por amplia mayoría la pretensión de “que todos los pueblos de la Unión tengan el derecho de libre determinación”. También, la negación de la Comisión de Venecia –órgano consultivo del Consejo de Europa– que, en materia de referéndum, exige el respeto del ordenamiento constitucional del Estado y el cumplimento de las reglas y procedimientos establecidos en la Constitución y la ley.

Una negación de la democracia –una movilización- que cronifica un desafío y una desobediencia en toda regla, que impide la reconciliación política y social en beneficio de la fantasía y aventurerismo de un nacionalismo instalado en su ínsula barataria, incapaz de distinguir la Cataluña real de la virtual y de cuestionar –por victimismo, ceguera, inmovilismo, providencialismo o interés- su propio relato.

¿Qué es el independentismo?

1. Un nacionalismo exaltado –un sentimiento o religión que modela el colectivo nacional- que reclama la adhesión incondicional a un proyecto liberador bajo pena de marginación y excomunión política, social e ideológica. Un nacionalismo –dicen los partidos independentista- para “ser”, para estar “al lado de la gente” y “por un nuevo ciclo”. Populismo de bajo vuelo.

2. Un nacionalismo que sumerge al individuo en una comunidad y una tradición que imponen una determinada manera de ser, pensar y actuar que debe asegurar la permanencia de la identidad y la voluntad nacionales. El fantasma de la exclusión que separa el Nosotros del Otro. Etnicismo de bajo vuelo.

El desprecio por la legalidad democrática une al independentismo y al putinismo

3. Un neoputinismo regional que, parafraseando a Mira Milosevich-Juaristi, es la consecuencia de la incapacidad del independentismo para asumir la democracia con todo lo que ello implica (El putinismo, sistema político de Rusia, 9/2/2018).

En efecto, hay algo que entrelaza al putinismo y el independentismo catalán: el desprecio por la legalidad democrática y la división de poderes. De ahí, el neoputinismo catalán de aires autocráticos que pretende construir un nuevo Estado-nación conculcando la legalidad democrática en virtud de la putinista “democracia soberana”. Del ruso al catalán: el “derecho a decidir” del pueblo de Cataluña.

4. Un nacionalismo exaltado y un neoputinismo que usa y abusa de los medios de comunicación afines, que practica la endogamia y el nepotismo, que desdeña al disidente, que no entiende ni admite que exista una Cataluña distinta a la nacionalista, que piensa que cualquier cambio del status quo político y social equivale a una dramática desestabilización que puede acabar con el “país”.

¿Qué puede ocurrir?

En El porvenir de una ilusión, Sigmund Freud afirma que las ilusiones neutralizan las defensas reflexivas en beneficio de la creencia. Como decía José Ortega y Gasset, en las “creencias se está”. La creencia cohesiona, moviliza y otorga sentido a la vida. La creencia suele generar intransigentes, dogmáticos, sectarios, fanáticos e iluminados. Mártires, incluso. También, hipócritas que dicen tender la mano cuando la cierran.

La creencia genera oportunismo. Ese aprovechar las circunstancias –todo vale- en beneficio propio o ese retorcer –hipócritamente e impúdicamente- la doctrina para adecuarse a cualquier pacto o alianza. Política práctica, dicen.

Como Bill Murray, los catalanes comprobamos que comienza otra vez el Día de la Marmota

A pesar de los vetos cruzados, todo es posible. ¿Se postulará finalmente Salvador Illa como presidente habida cuenta del buen resultado obtenido? ¿Liderará ERC el bando independentista sin el apoyo de la CUP? ¿Pacto ERC y Junts? ¿Tripartito de izquierdas? ¿Bipartido de izquierdas –ERC y los comunes- con apoyo externo socialista que garantice la estabilidad del PSOE en el Congreso? ¿ERC en solitario con apoyos puntuales? ¿Un ejercicio de postureo que llega a un pacto -contra natura o no- o desemboca en la repetición electoral?

El buen resultado independentista puede condenar de nuevo a Cataluña y los catalanes al desgobierno endémico, la fractura social permanente y la descapitalización económica sin solución de continuidad. ¿Un independentismo moderado? Pero, ¿es de fiar?

Como el Bill Murray que, sorprendido por una tormenta, se ve obligado a regresar a una pequeña ciudad, los catalanes, al despertar, comprobamos, atónitos, que comienza otra vez el Día de la Marmota.