El romance entre Illa y la patronal catalana toca a su fin 

La reunión del viernes de la semana pasada entre el gobierno catalán y los think tanks, colegios profesionales y patronales fue, sin duda, un chasco para el presidente de la Generalitat

Salvador Illa, en su momento, fue visto por los grandes empresarios catalanes, agrupados en Foment del Treball, la patronal más antigua de Europa y referente de CEOE en Cataluña, como una tabla de salvación y un factor de estabilidad tras años de independentismo unilateralista, así que en las últimas elecciones autonómicas catalanas había que frotarse los ojos para ver con que entusiasmo el entonces candidato socialista era recibido y apoyado en los nobles salones de la histórica sede de Fomento en la Vía Laietana de Barcelona.  

El paso del tiempo, y en especial dos factores: la dependencia de Illa de los votos de ERC y los Comunes, así como algunas de las políticas de Pedro Sánchez, han ido enfriando la relación. Josep Sánchez – Llibre, presidente de Foment, que en pasado fue portavoz adjunto de CiU en el congreso, en más de una ocasión ha tenido que recurrir a Junts, y no ha dudado en viajar a Waterloo o a Perpiñán las veces que ha sido preciso, para lograr que Puigdemont bloqueara o desbloqueara algunas de las propuestas de los socialistas y sus aliados como la reducción de jornada laboral o el desmantelamiento de las centrales nucleares en Cataluña

A veces ha tenido éxito y otras no, pero la dependencia de Illa de los independentistas de izquierdas y de la extrema izquierda aprobando medidas restrictivas del mercado inmobiliario, limitando precios de alquiler o disparando la tasa turística ha alejado a la patronal de Illa hasta el punto de que en alguna ocasión Sánchez Llibre ha pedido al presidente de la Generalitat que prospecte otras alianzas, en referencia a Junts y al PP.  

El viernes de la semana pasada por la tarde, cuando Illa convoco a los agentes económicos a una reunión para presentar el nuevo modelo de financiación pensando que el mismo sería aplaudido y avalado por todos y se encontró con la crítica de Fomento y la frialdad de otros supuso el paso del Rubicón.  

Más allá de que Llibre, alegando motivos personales, delegó la representación de su organización, la más importante e influyente a nivel económico – empresarial, fue el posicionamiento de Fomento lo que sentó como una cornada de doble dirección en el gobierno catalán. 

La frase de Fomento no deja lugar a dudas: “no resuelve los déficits históricos que tiene Cataluña en su financiación”. Desde el palacio de la Generalitat tuvieron una primera reacción frontal contra la patronal alegando que dicho posicionamiento respondía a la proximidad entre esta y Junts. 

«La Cámara de Comercio aprovecho el encuentro con el presidente de la Generalitat para abogar por una mayor transparencia en las balanzas fiscales»

Todos los puentes quedaron dinamitados, pero Sánchez Llibre es un mago de la diplomacia y más de uno apuesta por que tarde o temprano todo volverá a su lugar, no obstante personas como Ivan Redondo forman parte del consejo asesor de la delegación de Fomento en Madrid.  

Ninguna de las organizaciones económicas catalanas fue tan lejos en sus críticas, pero la reunión del viernes de la semana pasada entre el gobierno catalán y los think tanks, colegios profesionales y patronales fue, sin duda, un chasco para el presidente de la Generalitat.  

Pimec, la patronal de PIMES, fue más moderada en sus comentarios, pero pidió que la ordinalidad tuviera “rango legal” y afirmo “que incluso si todo el acuerdo se cumpliera Cataluña seguirá teniendo déficit fiscal”. 

La Cámara de Comercio aprovecho el encuentro con el presidente de la Generalitat para abogar por una mayor transparencia en las balanzas fiscales e hizo votos de que el trámite parlamentario se pudieran introducir mejoras. 

El Colegio de Economistas fue el que mostró mayor apoyo al proyecto y FemCat, el lobby empresarial tradicionalmente cercano al independentismo optó por esperar a posicionarse a que tuvieran más información.  

Paradójicamente el calor que Illa no encontró entre los agentes sociales catalanes si lo tuvo en Madrid donde UGT y CC.OO. avalaron de forma acrítica el proyecto de financiación. No deja de sorprender que sean los sindicatos de clase los que aplaudan una propuesta consistente en que el que más tiene más recibe y que en cambio sean los empresarios lo que más se enfaden ante un evidente privilegio.    

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